En las postrinerías de esta semana encontré un viejo amigo en una “espicha” en Oviedo. Hemos recordado viejos tiempos: risas, fabes, señoras y momentos duros y tristes. Hacía tiempo que no traía a mi mente el once de marzo del año 2004 y mi amigo me lo recordó. Fue una de las personas que estuvieron ahí en ese momento para llamarme y decirme que si estaba bien. En estos casos uno reconoce a los verdaderos amigos.

Como le dije ayer, hoy rescado un breve post que el día 12 de marzo del 2004 subí a la página web de opinión del ICOG.

“(11/03/04) Hoy, a las 7:40, esperaba el tren de cercanías en la estación de Meco con destino a Madrid. Como siempre las mismas caras somnolientas de los viajeros que a esa hora somos habituales, día a día el mismo destino y las mismas caras camino de nuestro centro de trabajo en Alcalá de Henares, Torrejón, Madrid, etc. En este día aciago el tren tardaba algo más de lo normal, y no es común pero tampoco extraño. Qué lejos estábamos de imaginar lo que poco antes o en esos instantes estaba sucediendo unas estaciones más allá. Primero fue la llamada de mi esposa diciendo que había estallado una bomba en la estación de Atocha y en ese instante en toda la estación comenzaron de manera insistente a sonar teléfonos móviles. En esto llegó el tren y todos subimos al mismo. Nuevas llamadas de familiares, ahora habían estallado otras bombas en la misma línea por la que circulábamos a sólo cinco o seis estaciones más allá. No fue posible llegar más lejos, en Alcalá de Henares el tren paró, y fuimos desalojados del mismo. Entre llamadas de familiares, compañeros y amigos -¡Estás bien!, joder tío que yo se que tú a estas horas estás en el tren-, me acerqué para intentar llegar a Madrid en autocar, la cosa no pintaba bien, un rosario de personas nos dirigíamos de la estación de RENFE a la de autobuses donde nos esperaba una multitud, y más llamadas telefónicas, en ese momento eran las 8:30 y ya todos los que esperábamos el autocar empezábamos a tener una idea de lo sucedido. A las 9:00 horas las llamadas de mi esposa y mis padres en un primer momento de estupor ya eran de miedo, de terror, de pánico –el fin buscado por los asesinos-. No llegué a Madrid, a las 10:00 horas hablaba con el Secretario del Colegio, que me informaba de que la cifra de muertos era de cincuenta en Atocha, en unos instantes y ya buscando un transporte que me llevara a casa sentí una intensa sensación de odio, de odio hacia las personas que en un primer momento habían hecho llorar a mi familia, luego, escuchando los informativos mi odio se tornó en una profunda tristeza por las víctimas y sus familiares, víctimas de distintas razas, nacionalidades, localidades –en la C-2 viajamos españoles, rumanos, latinoamericanos….-. Hoy con mayor intensidad que ayer me pregunto ¿quién puede estar del lado de los que perpetran estas atrocidades? ¿Quién puede apuntar con el dedo a quien matar y a quién no?

Mañana a las 7:40 cogeré mi tren, ahora, en este instante, sólo puedo solidarizarme con los familiares de las víctimas y donar mi sangre, la que unos asesinos hoy no han conseguido derramar.”

Va por ti Fernando, y que ninguno nos veamos en otra igual.

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