Un conferenciante profesional debe dedicar algún tiempo a entrenarse para mirar directamente a los componentes de su audiencia en lugar de hacerlo hacia el techo, el atril, los lados o el fondo de la sala. Aunque se encuentra en una situación dominante, son tantas las personas que le miran (desde la seguridad de sus asientos), que experimenta un miedo elemental, e inicialmente incontrolable, de ellos. El hecho, sencillo, físico y violento de ser observado atentamente por un gran número de personas constituye también la causa de ese “nudo en el estómago” que sienten los actores antes de salir a escena. Por supuesto, el actor sufre una preocupación intelectual por la calidad de su representación y por la recepción de ésta por parte del público, pero su nerviosismo se acrecenta sobre todo por la sensación de amenaza que le produce la muchedumbre.
Desmond Morris – El mono desnudo










Cuanta razón encierran estas palabras.
Un gran orador, sin dominar al 100% un tema tiene el éxito asegurado.
Por lo contrario un no tan buen orador, que domine a la perfección la materia, no lo tiene tan fácil.
Un saludo
Hola José Luis,
No lo había pensado de esa manera pero, tengo que convenir que es cierto.
Un saludo,