Inicio Sociedad Publicaciones La semana comenzó triste, cierra ‘La Clave’

La semana comenzó triste, cierra ‘La Clave’

0
1806

Hoy he comprado el que parece ser último número de La Clave. Con cierta tristeza lo cogí de un lateral del quiosco de Julia y lo guardé en mi bolsa para que me acompañara en el viaje de vuelta a casa tras el trabajo.

Lo he mirado por encima –me dura un par de semanas, entre unas cosas y otras- y se te encoje el corazón leer el lamento de José Luis Balbín: “¡Y pensar que con un seis o un siete por ciento más de venta nos hubiera bastado para subsistir de manera probablemente permanente…!”, al fin y a al cabo, la publicación es una empresa y sí, parece ser que adoleció de una de las Pes del marketing, la promoción.

Qué lejos quedan aquellos debates entre caballeros y no los de hoy, entre animales de corto entendimiento, donde la basura campa por sus respetos

La Clave pertenece a ese territorio borroso y querido de mis años mozos, cuando la televisión todavía podía permitirse el lujo de no tratar al espectador como a un idiota con mando a distancia. Llegaba a casa con una película bajo el brazo y, después, con un debate. Un debate de verdad. De esos en los que la gente hablaba, escuchaba, discrepaba y hasta parecía haber leído algo antes de abrir la boca.

Qué lejos quedan aquellos debates entre caballeros. Y qué cerca tenemos ahora estas broncas de corral, protagonizadas demasiadas veces por animales de corto entendimiento, donde la basura campa por sus respetos y hasta presume de audiencia. Hubo un tiempo en que se podía discutir sin rebuznar. Conviene recordarlo, aunque sea para no perder del todo la esperanza.

Después de muchos años en antena, Balbín volvió a intentarlo. No recuerdo ahora en qué canal, y quizá tampoco importe demasiado. La idea no prosperó. España había cambiado. O quizá convendría decir que la habían cambiado a base de cucharadas de telebasura, tertulias de navaja oxidada y griterío subvencionado por la santa audiencia. Aquel formato, hecho para pensar, ya no encontraba sitio en una televisión empeñada en fabricar ruido. La sociedad pedía basura, o eso nos dijeron, y la televisión, diligente como un camarero de taberna mala, se la sirvió caliente.

Años después encontré La Clave, la revista, casi por casualidad. Fue uno de esos hallazgos discretos que no hacen temblar el mundo, pero le alegran a uno la tarde. Desde entonces la compré con regularidad. Me acompañaba en mis viajes diarios entre Meco y Madrid, en esos trayectos donde uno aprende que el tren, además de transportar cuerpos, también puede transportar lecturas, pensamientos y alguna que otra melancolía.

Luego la revista llegaba a casa. La leía la familia. Y cuando nos descolgábamos por la casa de mis padres, allí iba también el último número. O los últimos, si habíamos tardado demasiado en aparecer. Porque había algo casi ceremonial en llevarles aquella revista: como quien lleva pan, conversación y un poco de mundo doblado bajo el brazo.

Ahora la echaremos de menos. Echaremos de menos esos ratos amenos, esa información de calidad, ese tono de otra época en la que todavía se confiaba en que el lector tuviera cabeza y no sólo pulgar para deslizar pantallas. Echaremos de menos a quienes se tomaban el periodismo como un oficio serio y no como una trinchera de consignas o un tenderete de vísceras.

Pero no conviene ponerse demasiado fúnebres. Estoy convencido de que Balbín, más pronto que tarde, volverá a la carga. Los viejos combatientes de la palabra no se retiran del todo. Se apartan, toman aire, miran el campo de batalla y regresan cuando menos se les espera.

Y cuando vuelva, si vuelve, muchos estaremos esperando.

Porque el final de algo, a veces, no es más que el comienzo de otra cosa.

Hasta pronto.

Resume el artículo con tu IA favorita

Artículo anteriorReducir un 10% la dependencia española del petróleo
Artículo siguienteONG Geólogos del Mundo
Enrique Pampliega
Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Política de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.