Finaliza 2008 y en síntesis, he recordado que en el capitalismo existe la tendencia a una seria inestabilidad. El sistema incorpora episodios recurrentes de devastación como nos recuerda Galbraith y que muchos ya teníamos en el olvido o peor, jamás habían caído en la cuenta de ello.

El ajuste tiene algo perverso y es que en la medida que retrocede la economía, se produce una estabilización en un nuevo punto de equilibro, con una bajada de producción y un desempleo sustancial

“El sistema capitalista incorpora episodios recurrentes de devastación. El crecimiento empieza a ser más lento y da lugar a un declive absoluto. La confianza y la comodidad dan lugar al miedo y a la angustia.  Esto ha sido así desde hace mucho tiempo, pero con frecuencia no ha sido reconocido. “

Como penitencia para este fin de año he vuelto a leer “Un viaje por la economía de nuestro tiempo” de Galbraith, por aquello de ver que decía el viejo maestro sobre La Gran Depresión, y la verdad, hay muchas similitudes, seguro que no en lo económico, que para eso están los iluminados que tras arrasar el temporal nos dirán los motivos, no antes. Ya en 1929 se pasó de la “crisis” y los “pánicos” a términos más suaves como “depresión”. Claro, que tras lo del 29, “depresión” adquirió connotaciones profundamente adversas y se buscó algo menos perturbador: “recesión”. Éste es el palabro que abrirá 2009 como un melón y puede estar con nosotros 3, 6, 12… ¿Meses? ¿Años?, mejor cambiarlo por un eufemismo más acorde con el buen rollo español: “ajuste de crecimiento”.

El ajuste de crecimiento de hoy, como el de 1929 lleva consigo un marcado retroceso en las ventas de artículos de consumo duraderos. Hace casi 80 años las principales caídas se registraron en los aparatos de radio y en los automóviles.

El ajuste tiene algo perverso y es que en la medida que retrocede la economía, se produce una estabilización en un nuevo punto de equilibro, con una bajada de producción y un desempleo sustancial.  En dicho punto, continúa el gasto de aquellos a quienes el ajuste no les afecta, o les afecta menos, o de quienes tienen recursos utilizables para las compras y el consumo. Con ello la economía se mantiene, pero  a un nivel inferior. La creencia de que debe haber un retorno automático a la utilización elevada o completa de las fábricas y de los trabajadores depende de la fe, de la esperanza y de las promesas políticas, no de la realidad económica.  La depresión de 1930 fue una manifestación de un equilibrio de subempleo que duró una década. Una de las utilidades de la historia es recordar lo que puede suceder de nuevo.

¿Por qué no releería yo “Alicia en el país de las maravillas” este fin de año?

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