Nunca he sido amigo de las subvenciones. De algún modo pensaba que pedir una subvención para la puesta en marcha de una idea significaba haber perdido. Con los años me di cuenta que conseguir financiación a bajo coste e incluso a coste cero, o que alguien -las administraciones- sufragara los gastos de tu proyecto en parte o en la totalidad, no sólo no significaba perder, significaba ganar y convertir en realidad lo que sólo era un sueño.

Hace un par de meses asistí a unas jornadas donde conocí a Subvenciona, consultoría dedicada a la gestión integral de una subvención. En estas jornadas me reafirmé en la bondad de las subvenciones. Descubrí la ingente cantidad de “papeles” que hay que rellenar, los controles que hay que pasar y la dificultad a la hora de encontrar una ayuda que se ajuste a tu proyecto y luego, adecuar este, a la ayuda para presentar una solicitud ganadora.

Existen multitud de ámbitos a través de los que es posible acceder a una ayuda pública. Necesitas un proyecto concreto y la información necesaria sobre las ayudas que están a tu disposición. No todo es subvencionable, ni mucho menos, pero si es cierto que podemos, desgraciadamente, dejar pasar una posibilidad para mantener a flote nuestra empresa en época de crisis, simplemente porque no sabemos que existe una ayuda en concreto para nuestro sector.

Sobre los conceptos básicos de una subvención aquí dejo esta presentación que nació en base a las aportaciones de Subvenciona.

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