Una mañana, al pasar por la Librería de Javier, me preguntó si tenía algún familiar periodista. Le dije que no, pero que a parte de la familia no la veo con asiduidad y podía ser. Javier me puso en las manos “Afganistán” de Antonio Pampliega. Lo adquirí y tras un mes reposando en la estantería me decidí por concederle la media hora que dedico todas las noches a la lectura.

Afganistán nos narra las historias de héroes cotidianos, mujeres y hombres que viven en un país destrozado por una situación de guerra y posguerra de la que muchos no conocen el principio y de la que sin duda se desconoce el final. Antonio nos muestra cómo los afganos aman su país, una tierra de la que ellos mismos dicen: “Cuando Alá hizo el resto del mundo, vio que había quedado un montón de desechos, fragmentos, trozos y restos que no encajaban en ninguna parte. Tras reunirlos, los arrojó a la tierra y así creó Afganistán”.

Los relatos de Antonio muestran la dureza de la vida de los afganos y la entereza con la que se enfrentan al día a día

Los relatos de Antonio muestran la dureza de la vida de los afganos y la entereza con la que se enfrentan al día a día. Nos muestra su lucha, sus sueños, sus recuerdos y su esperanza de alcanzar un mundo mejor. También nos cuenta alguna historia de los extranjeros que por un motivo u otro se han acercado a este país.

Ciertamente el libro me llevó solo tres noches, pues le dediqué algo más de media hora diaria. Tras apagar la luz y cerrar los ojos durante unos momentos recordaba lo leído con sabor agridulce. Si las historias de estos héroes cotidianos se me habían presentado con la necesaria dureza, Antonio siempre deja entrever un punto de optimismo, de superación y de esperanza.

Afganistán es digno de ser leído con el fin de separarnos de la crónica de guerra, de los treinta segundos de telediario y ahondar, aunque sea solo un poco, en la realidad de las personas que viven en el purgatorio, ese lugar que les puede llevar a mejorar y alcanzar el paraíso, o si al final les vence la desesperación, hundirse en el infierno.

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