Ayer me llegó, vía Twitter, el ya célebre rap de los trabajadores de Garoña. Un vídeo sencillo, pero cargado de verdad, ritmo y sentido común. Mientras los titulares y tertulias siguen digiriendo la publicación en el BOE de la flamante Ley de Economía Sostenible, un grupo de operarios de la central nuclear de Garoña ha demostrado que a veces la mejor respuesta a tanto disparate normativo no es un artículo de opinión, sino una buena base musical y unas cuantas rimas con mala leche.

El Gobierno nos vende esta Ley de Economía Sostenible como la llave mágica para cambiar el modelo productivo de España. Se dice pronto. En sus 114 artículos, 15 disposiciones adicionales, 10 transitorias y 60 disposiciones finales, la norma toca todos los palos posibles: desde lo energético hasta lo digital, incluyendo ese engendro jurídico-mediático conocido como Ley Sinde, que pretende controlar lo incontrolable: internet y la libertad de compartir contenidos.

Por si fuera poco, también establece la vida útil de las centrales nucleares en 40 años, justo cuando a los ciudadanos nos alargan la edad de jubilación hasta los 67. ¿Coherencia? La justa. Mientras tanto, se nos promete que con esta ley volveremos a estar en la “champions league” de la economía mundial. O eso dicen. Pero con más paro que nunca, la deuda disparada y un modelo que se desangra por todas partes, cuesta creer que esta montaña de artículos legales sea algo más que maquillaje para la prensa.

Y en ese contexto llega el rap de Garoña. Una maravilla. “¡Hey tú! Dime a dónde vas. Espera un momentico que te quiero hablar…”. Directos, cercanos y demoledores. En poco más de tres minutos, estos trabajadores dicen más que una sesión completa del Congreso. Hablan de su trabajo, de su futuro, del sinsentido de cerrar una central que sigue siendo eficiente. Y lo hacen con una frescura que desarma cualquier argumentario institucional.

En un país que ha sido capaz de inventarse cosas como la Alianza de Civilizaciones o de negar la crisis con frases tipo “¿Crisis? ¿Qué crisis?”, este rap suena a bofetada de realidad. Porque en un momento donde la propaganda es ley y la política se resume en titulares huecos, encontrar una pieza como esta es un acto de higiene democrática.

Yo me quedo con el rap. No solo porque tiene ritmo y gracia, sino porque representa algo que cada vez escasea más: claridad. Mientras algunos legislan como si el BOE fuera un sudoku, otros, con un casco, un micrófono y muchas ganas, nos recuerdan lo esencial. Que trabajar, pensar y decir las cosas claras sigue siendo posible.

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Enrique Pampliega
Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

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