La inclinación al juego, al reto, a la superación y en definitiva, a la competición, es lo que se denomina GAMIFICACIÓN. La utilización hábil de esta inclinación hace que las personas incrementen su participación en aquello que les propongamos, les convertimos la tarea más tediosa en un juego, un reto que hay que superar, potenciamos su motivación hacía esa tarea, y nosotros, obtenemos clientes más fieles y comprometidos que, sin duda, atraerán otros nuevos.

La inclinación al juego, al reto, a la superación y en definitiva, a la competición, es lo que se denomina GAMIFICACIÓN

Mediados los noventa del siglo pasado mi hija hacía ejercicios de matemáticas, geografía, historia, etc., con un programa informático que le concedía, tras varios aciertos, un «taponcito» -vendría a ser una insignia-. Sumaba taponcitos mientras acertaba, y sus progresos se podían seguir en unas toscas, pero muy coloreadas estadísticas, que la animaban a seguir al siguiente nivel y con ello, a continuar aprendiendo que era la finalidad del juego. ¡Esto es gamificación!

En la interesante página Gamificación.com -de obligada visita- se puede leer: Una correcta implementación de estrategias de gamificación permite pasar de la mera conectividad al engagement (o compromiso), logrando que los miembros de una comunidad, los trabajadores de una empresa, los estudiantes de un instituto, los habitantes de una ciudad -prácticamente cualquier colectivo o individuo- participen de manera dinámica y proactiva en acciones que generalmente requieren un esfuerzo de la voluntad. Se puede decir más alto, pero no más claro.

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