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Lorca resiliente: las lecciones de una ciudad que aprendió a temblar de pie

En febrero de 2016 conviene volver la vista a Lorca Resiliente. Lecciones aprendidas de un terremoto, un libro nacido de las jornadas celebradas en Lorca entre el 26 y el 28 de noviembre de 2014 para analizar, sin adornos ni paños calientes, lo que ocurrió tras los terremotos del 11 de mayo de 2011. No estamos ante una obra para entretener, sino ante una memoria necesaria sobre protección civil, gestión de emergencias, riesgo sísmico, reconstrucción urbana y resiliencia colectiva.

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Hay libros que no se escriben por gusto, sino por necesidad. Lorca Resiliente. Lecciones aprendidas de un terremoto pertenece a esa estirpe severa de publicaciones que nacen de una grieta, de una sacudida, de un suelo que un día decidió recordar a los hombres que la naturaleza no firma contratos de estabilidad con nadie.

El volumen recoge el espíritu de la I Jornada Lorca resiliente: lecciones aprendidas, celebrada del 26 al 28 de noviembre de 2014, con la intención de reunir en un mismo foro a quienes vivieron, gestionaron y padecieron los terremotos del 11 de mayo de 2011. La jornada estuvo dirigida a administraciones públicas, agentes sociales, asociaciones de vecinos, ONGs, responsables municipales, aseguradoras y profesionales del urbanismo, entre otros colectivos. Y eso se nota en el libro: no habla una sola voz, sino muchas, cada una con su cicatriz y su oficio.

La obra está editada por la Secretaría General Técnica del Ministerio del Interior y la Dirección General de Protección Civil y Emergencias. Ese dato no es menor, porque sitúa el libro en el terreno de la memoria institucional, pero también en el de la prevención. Aquí no se trata sólo de recordar Lorca, sino de aprender de Lorca. De impedir que la próxima ciudad sorprendida por una catástrofe tenga que empezar desde cero, con los nervios, el polvo, los cascotes y la improvisación como únicos manuales de instrucciones.

El libro se organiza con una lógica clara: ponencia inaugural, lecciones aprendidas, entrevistas, resumen de mesas y ponencias y patrocinadores. Dentro de esas lecciones aparecen asuntos esenciales como la intervención inmediata, la seguridad, los servicios esenciales, la gestión de la información, la evaluación de daños en inmuebles, la autoprotección, la atención social y económica, el conocimiento científico y el marco legal. Dicho de otro modo: la catástrofe no se contempla como una postal dramática, sino como un problema complejo que exige respuesta técnica, política, social y humana.

Uno de los grandes aciertos de Lorca Resiliente es que no convierte el terremoto en una abstracción. El lector no se encuentra sólo con planes, siglas y protocolos, sino con decisiones tomadas sobre la marcha, con vecinos en la calle, con edificios marcados por colores, con comunicaciones colapsadas, con servicios de emergencia desbordados y con una ciudad obligada a organizarse cuando todavía no había terminado de caer el polvo de las fachadas.

La ponencia inaugural del alcalde Francisco Jódar tiene algo de crónica de guerra civil sin enemigo humano. Relata primero el temblor de las 17:05 y después el golpe definitivo de las 18:47, cuando un terremoto de magnitud 5,1 cambió para siempre la vida de Lorca. En unos segundos, la ciudad pasó de la normalidad a la intemperie. Hubo que instalar puestos de mando, concentrar a la población en espacios abiertos, organizar víveres, movilizar técnicos, coordinar administraciones, atender heridos y empezar a decidir qué edificios podían salvarse y cuáles debían caer.

Y ahí aparece una de las grandes lecciones del libro: una emergencia no se gestiona sólo con heroicidad. La heroicidad ayuda, claro. Pero sin coordinación, sin planes vivos, sin técnicos preparados, sin comunicación clara y sin mando operativo, la heroicidad puede convertirse en caos con buena voluntad. Lorca enseñó que la protección civil no puede ser un cajón de papeles guardado en una estantería municipal. Tiene que ser músculo entrenado.

Especialmente valiosa resulta la parte dedicada a la evaluación de daños en inmuebles. Para quienes trabajamos o hemos trabajado cerca de colegios profesionales, administraciones o ámbitos técnicos, esta sección debería ser de lectura obligada. Después de un terremoto no basta con saber que una casa sigue en pie. Hay que saber si puede habitarse, si puede apuntalarse, si debe desalojarse o si representa un peligro para los vecinos y para la propia ciudad. La clasificación de edificios, el trabajo de arquitectos, aparejadores, ingenieros, técnicos municipales y equipos de emergencia muestra hasta qué punto la reconstrucción empieza mucho antes de colocar el primer ladrillo nuevo.

También es fundamental la dimensión científica del libro. Lorca recordó que España tiene riesgo sísmico, aunque a veces finjamos que los terremotos son cosa de otros mapas, otros países y otras desgracias. La publicación insiste en la necesidad de estudiar mejor el riesgo, mejorar la normativa, reforzar la cultura preventiva y trasladar el conocimiento científico a la planificación urbana. Porque un terremoto no mata sólo por su magnitud. Mata también por la vulnerabilidad de los edificios, por la mala preparación, por la falta de cultura de autoprotección y por esa peligrosa costumbre española de acordarnos de la prevención cuando ya tenemos los cascotes encima.

La palabra “resiliencia”, tan manoseada en estos tiempos, aquí tiene sentido. No aparece como adorno de consultoría ni como palabro moderno para vestir informes. En Lorca, resiliencia significó vecinos durmiendo en la calle, comerciantes levantando de nuevo la persiana, técnicos recorriendo edificios, voluntarios repartiendo comida, servicios públicos funcionando bajo presión y una ciudad entera intentando recuperar la verticalidad después de haber sido doblada por la tierra.

Como libro, Lorca Resiliente tiene alguna limitación inevitable. Al ser una recopilación de ponencias, entrevistas y testimonios, hay repeticiones y desigualdad de tono. Unas partes son más técnicas, otras más institucionales y otras más humanas. Pero esa mezcla, lejos de restarle valor, le da una textura real. Las catástrofes no son ordenadas. No vienen con índice analítico ni con conclusiones limpias. Vienen como vino aquello: con ruido, miedo, polvo, llamadas que no entran, sirenas, incertidumbre y gente corriente haciendo cosas extraordinarias.

Leído en febrero de 2016, este libro tiene además una importancia especial. Han pasado casi cinco años desde los terremotos y el foco mediático ya mira hacia otro lado, como siempre hace. Por eso precisamente conviene leerlo ahora. Porque cuando las cámaras se marchan empieza el trabajo serio: aprender, corregir, prevenir y dejar constancia.

Lorca Resiliente. Lecciones aprendidas de un terremoto no es sólo un libro sobre Lorca. Es un aviso para cualquier municipio, cualquier administración y cualquier profesional relacionado con el territorio, la edificación, la protección civil o la gestión de emergencias. Nos recuerda que la memoria también puede ser una infraestructura. Y que olvidar lo aprendido bajo los escombros sería una segunda catástrofe, más silenciosa, pero no menos irresponsable.

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Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

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