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Una visita a la cueva del Reguerillo

Esta breve nota sobre la cueva del Reguerillo se publicó en la revista Tierra y Tecnología nº 2 en marzo de 1992. Espeleología bizarra, sin duda.

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Esta breve nota sobre la cueva del Reguerillo se publicó en la revista Tierra y Tecnología nº 2 en marzo de 1992. Autores: G. y A. Parro y E. Pampliega. Fue un interesante recorrido en plan espeleología bizarra y mi primera cueva. Recuerdos en blanco y negro


Declarada Monumento de interés nacional, por Real Decreto de 2 de marzo de 1944.

SITUACIÓN GEOGRÁFICA

Está situada en el término munici­pal de Patones, en la provincia de Madrid, a unos 65 km. al Norte de la Capital.

Se encuentra en el Pontón y la Dehesa de la Oliva, en las estribacio­nes de la Cordillera Central, borde sur de las sierras de Somosierra y Guadarrama.

En los diversos barrancos que cortan transversalmente los afloramien­tos de calizas cretácicas, existen numerosas formas endokársticas, ali­neadas a favor de los estratos.

Es en la confluencia de los ríos Jarama y Lozoya, siguiendo la gar­ ganta del Arroyo de Valdentales, don­de está situada la cueva del Regueri­llo.

En las proximidades de las lomas de Patones, por el Norte, se alza la cumbre Tornera 1.865 m. y por el Oeste, los picos de la Miel 1.394 m., y del Cancho Gordo 1.564 m., este últi­mo situado en el Berrueco. Dentro del término municipal de Patones, se localizan las elevaciones de Cerugea, con 1.224 m., el Cancho de la Cabeza con 1.267 m., y como una puerta, la Dehesa de la Oliva cuya cota máxima es de 905 metros.

EL REGUERILLO

Cueva explorada desde antaño por expertos, aficionados y curiosos, tiene con un desarrollo total de 8.260 metros. Se han encontrado en ella pinturas prehistóricas, restos humanos que parecen pertenecer al Neolítico, así como restos de cerámica y huellas de oso. Por todo ello, y para evitar su deterioro, se decidió en el año 1944 declararla Monumento Histórico Artístico Nacional.

Esta «vivienda» de nuestros ante­ pasados, a pesar de la protección que se le ha pretendido dar a través de los últimos años, no ha conseguido salir ilesa del poder destructivo y de las ansias de posesión del depredador «horno actualis».

De dominio público es la existencia de un mapa que detalla las galerías, pozos, gateras y entradas que tiene la mencionada cueva y que es posible adquirir en cualquier tienda especia­lizada en espeleología. Triste es comprobar que en el momento actual, con un futuro prometedor para esa última reserva natural que es la Antártida, y cuando todos nos senti­rnos más amantes de nuestro entorno natural, aún existen «curiosos» que intentan arrancar pedazos de unas columnas que gota a gota tardaron miles de años en formarse dentro de la citada cueva.

No es ni mucho menos la primera expoliación y desgraciadamente tam­ poco será la última. Esta vez se pudo evitar, pero en años anteriores, es sabido que las pinturas prehistóricas existentes, fueron deterioradas ras­pándolas o pintando sobre ellas.

En nuestra visita también hemos podido observar, la existencia de fechas y nombres de antiguos visitan­tes, que a modo de GRAFFITIS se pueden encontrar con facilidad en las galerías más cercanas y accesibles a las entradas de la cueva. También es fácil encontrar esos pequeños genera­dores de corriente eléctrica vulgar­mente llama dos «pilas», botellas y todo tipo de restos que denotan el paso del depredador hombre actual por esos lugares.

Aparte de lo anteriormente descri­to, aún hoy quedan bellas estalactitas y estalagmitas que en numerosos casos y en el transcurrir del tiempo, han formado columnas de grandes proporciones. En varias de sus salas el techo tiene una considerable altu­ra, y es gratificante escuchar el monótono e incesante rumor de las gotas de agua que del mismo se des­prenden, muestra inequívoca de que no se ha extinguido la actividad crea­ dora de esta maravilla de la naturale­za.

Detalles de los depósitos de carbonato cálcico.

Es inquietante apagar la luz de tu casco, escuchar el peculiar sonido de las gotas, ver el resplandor lejano de lo que luego serán haces de luz, cuyos portadores , a primera vista, parecen sombras fantasmagóricas y que una vez a tu lado, se presentan como aficionados a la espeleología. En este extraño medio, el hombre se encuentra desamparado, no hay rui­do, sólo las gotas, y una rara sensa­ción que te impulsa a continuar adentrándote en las entrañas de la tierra.

Hay numerosas zonas inundadas, la humedad lo llena todo y siempre el incesante rumor del agua. A medida que nos adentramos en la cueva, el paso se hace cada vez más estrecho y en ocasiones, si no te orientas bien, debes desandar el camino andado para encontrar la ruta adecuada. A pesar de estos inconvenientes, des­pués del esfuerzo recibes el gratifi­cante premio de entrar en salas de belleza increíble, con rocas desgasta­das por el agua y lagunas tranquilas y transparentes.

Llegado este momento entiendes el porqué de que este lugar sea un Monumento de interés nacional. Es algo distinto a la belleza del mar, a la sobriedad de una catedral o la majes­tuosidad de una montaña. Es silen­cioso y tranquilo, invitando con la contemplación de sus maravillas a la relajación, olvidando los problemas cotidianos y obligando al visitante a poner todos sus sentidos en la captación de la paz reinante.

La carencia de adecuados medios nos impidió seguir adentrándonos en esta maravilla natural y los integran­tes de esta «expedición» nos hicimos la firme promesa de volver, y en la medida de nuestras fuerzas, intentar concienciar a los futuros visitantes de que lo que ven en la actualidad es algo que ha creado la naturaleza a lo largo de miles de años, y este monu­mento natural merece el más absoluto de los respetos. Si no somos capaces de preservar este legado milenario quizás, lo mejor sería cerrar sus entradas y dejárselo a sus actuales moradores: los murciélagos.


La Cueva del Reguerillo en 2020

La cavidad se encuentra cerrada con rejas y candados en todas sus bocas desde noviembre de 2006, sancionándose a los infractores con fuertes multas.

Las razones para su cierre son las siguientes:

  • Realizar excavaciones arqueológicas y paleontológicas en zonas de la cavidad donde se sabe que hay restos.
  • El deterioro de la cavidad es manifiesto, con numerosas pintadas y formaciones salvajemente arrancadas.
  • El paso indiscriminado de gente sin ningún tipo de conocimientos de espeleología ha generado numerosos accidentes: han entrado personas sin ropa ni calzado adecuado, mucho menos con cuerdas para pasar el Tubo y en ocasiones con linternas de mano que fácilmente se quedan sin pilas o se revientan al caer al suelo.
  • La colonia de murciélagos de esta cavidad ha ido en detrimento hasta quedar casi extinguida. Se necesitaría un tiempo largo para que vuelva a recuperarse, aunque esto va a ser difícil ya que si las puertas están tapiadas no permiten la entrada ni salida de ningún murciélago.

Debido a estas cuatro razones, el Ayuntamiento de Patones junto con Patrimonio Nacional (esta última es quien tiene la titularidad de la cavidad), decidieron cerrar la Cueva del Reguerillo.

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