Recientemente, me llegó noticia de una curiosa campaña en Ixelles, Bélgica, llamada «We See You». Este proyecto, diseñado para mantener las calles limpias y mejorar la calidad de vida en el municipio, parece a simple vista una iniciativa loable. Sin embargo, cuando me detengo a considerar el lema que la acompaña, «Nous, les habitants d’Ixelles, souhaitons garder nos rues propres» (Nosotros, los habitantes de Ixelles, deseamos mantener nuestras calles limpias), no puedo evitar que una sombra de inquietud se cierna sobre mis pensamientos, más cuando te alientan a colocar una pegatina en tu ventana para indicar que estás vigilando. Lo cierto es que esto tiene su aquel.

No sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero a mí me resulta inevitable imaginar a la vieja del visillo asomada a su ventana, esa figura que el humorista José Mota inmortalizó tan certeramente. La vieja del visillo, con su bata de cuadros y su moño bien apretao, observando desde detrás de las cortinas, ha sido durante mucho tiempo un símbolo del chismorreo y la vigilancia vecinal. Pero hoy, esa misma vieja del visillo se ha tecnificado, y la encontramos en todos lados, equipada con un móvil y una conexión a internet, lista para captar en vídeo cualquier infracción y compartirla con el mundo a través de las redes sociales.

Gracias Jesús por autorizarme a publicar esta fotaza en mi humilde blog.

Hace unos días, mi buen amigo JM Frías, con su agudo sentido del humor, compartió en su muro de Facebook una fotografía que refleja esta evolución. En la imagen, no aparece una anciana tras la ventana, sino él mismo, posando como si fuese una versión masculina y moderna de la vieja del visillo, mirando desde su ventana con una expresión que combina la ironía y la crítica. En su mano, se intuye un móvil, el arma moderna de esta vigilancia vecinal que, bajo el disfraz de la «conciencia comunitaria», parece estar sustituyendo el respeto mutuo por una cultura de control.

En la Europa actual, parece que estas nociones de civismo y respeto se han ido diluyendo. En el Reino Unido, la «Neighbourhood Watch» (vigilancia vecinal) se ha institucionalizado, promoviendo la vigilancia mutua entre vecinos. En Estados Unidos, algo similar ocurre, donde las comunidades se organizan para observarse entre sí, bajo la bandera de la seguridad y el bienestar común. Pero, ¿no estamos sacrificando algo más en este proceso? ¿No estamos, quizás, erosionando la confianza y la solidaridad que debería existir de manera natural en una comunidad?

Sin embargo, a pesar de las críticas que la campaña «We See You» en Ixelles pueda suscitar, es justo reconocer que esta iniciativa también alienta actitudes más amables y proactivas entre sus vecinos. Una parte central del proyecto incluye la participación activa de asociaciones locales, estudiantes y otros grupos comunitarios en labores de recolección de basura y concienciación sobre la gestión de residuos. De hecho, Ixelles ha promovido la implementación de proyectos innovadores mediante convocatorias financiadas con presupuestos municipales, incentivando a los ciudadanos a desarrollar sus propias iniciativas de limpieza y manejo de desechos. Estas actividades no solo fomentan la colaboración vecinal, sino que también participan en eventos de gran envergadura como el «World Cleanup Day», colaborando estrechamente con otras organizaciones para promover la sostenibilidad y reducir la contaminación urbana.

En cualquier caso, este tipo de iniciativas pueden dar lugar a la creación de una «policía de balcón», donde cada vecino se convierte en un vigilante informal del comportamiento ajeno. Y aquí es donde la figura de la vieja del visillo, lejos de ser una simple caricatura, se convierte en una realidad inquietante.

No se trata de cuestionar la necesidad de mantener nuestras calles limpias y ordenadas. Al contrario, es un objetivo que todos compartimos. Pero la cuestión radica en cómo lo hacemos. ¿Queremos una sociedad donde el civismo se imponga a través de la vigilancia y la presión social? ¿O aspiramos a una comunidad donde la decencia y la responsabilidad personal sean suficientes para mantener el orden y la convivencia?

En este contexto, me pregunto hasta qué punto estas campañas, que aparentemente buscan el bien común, no están en realidad erosionando la confianza y la autonomía personal. En lugar de fomentar un auténtico sentido de comunidad, basado en la cooperación voluntaria y el respeto mutuo, estas iniciativas pueden estar promoviendo una cultura de control social, donde la vigilancia sustituye a la confianza.

El problema con la vigilancia vecinal es que, aunque pueda comenzar con buenas intenciones, corre el riesgo de convertir a los vecinos en sospechosos perpetuos, siempre bajo la mirada escrutadora de los demás. Y esto, a la larga, puede socavar los lazos comunitarios, reemplazando la solidaridad con la desconfianza.

En España, la vieja del visillo ya es una institución, una figura que, aunque nacida del humor – o quizá ya estaba aquí-, refleja una realidad que no deberíamos ignorar. Su presencia nos recuerda que la línea entre el civismo y el control social es tenue, y que es fácil cruzarla si no somos conscientes de las implicaciones de nuestras acciones. Pero ahora, armada con un smartphone y acceso a las redes sociales, esta figura ha adquirido una dimensión nueva y potencialmente más invasiva.

Y mientras reflexiono sobre esto, no puedo evitar pensar en mi localidad, Meco. ¿Nos veremos pronto aquí con algo similar? ¿Seremos testigos de una campaña que transforme a nuestros vecinos en vigilantes implacables, siempre atentos a cualquier falta? Aunque quizás, en un pueblo donde creo que el civismo y la cercanía todavía se valoran, no haga falta llegar a esos extremos. Pero quién sabe. El tiempo dirá si la vieja del visillo tecnificada también se convierte en una figura omnipresente en nuestras calles. ¿O no?

Resume el artículo con tu IA favorita

Artículo anteriorCómo la inflación puede convertir tus ‘beneficios’ en pérdidas
Artículo siguienteDon Juan de Austria: El Último Cruzado
Enrique Pampliega
Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

2 COMENTARIOS

  1. Interesante y sobrecogedor post. Hoy me rio mañana lo mismo me asusto. Sentirse observado y coaccionado de hacer, expresar y decir más que risas me proporciona rabia, ira y retroceso. Quiero creer mejor en la voluntad y el civismo de la gente.

    • ¡Gracias por tu comentario! Entiendo perfectamente ese sentimiento de inquietud que mencionas. Es cierto que lo que hoy puede parecer anecdótico, mañana podría volverse una realidad que nos afecta de manera más profunda. La clave está en encontrar un equilibrio: fomentar el civismo sin caer en el control excesivo. Como dices, es mejor confiar en la voluntad de la gente para hacer lo correcto, pero siempre con la conciencia de que las dinámicas sociales pueden cambiar si no estamos atentos. ¡Ojalá podamos seguir confiando en el buen juicio y el respeto mutuo!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí