No hay gloria sin memoria, ni memoria sin palabras. Y la radio, viejo invento de magia y de oficio, ha sido la caja de resonancia de un mundo que se aferra a su humanidad en tiempos de algoritmos y mensajes enlatados. Morata de Tajuña lo ha entendido bien. Mientras en otros lugares la cultura es un florero decorativo para engalanar discursos de políticos, en este rincón de Madrid han cogido el toro por los cuernos. Y lo han hecho con lo más clásico y efectivo de todo: la palabra. La que se escribe y se lee, sí, pero también la que se escucha, se siente y se deja escapar entre silencios.

Desde 2008, un grupo de valientes con más pasión que medios han puesto en antena Radio Biblioteca, un espacio que es más que un programa. Es una trinchera cultural, un refugio para los que aún creen en la fuerza de una buena historia. Porque allí, en las ondas de Radio Morata, los libros no duermen en estanterías; se alzan, se recitan, se convierten en fantasmas que cobran vida en la imaginación de quien escucha y todo, con el empuje de la Biblioteca de Morata de Tajuña.

Morata no se ha conformado con ser un almacén de libros. Ha convertido su biblioteca en un epicentro cultural

Desde relatos de terror adaptados en noches de difuntos hasta clásicos de la literatura revividos con el entusiasmo de quienes creen en lo que hacen. Porque la radio, bien usada, es una hoguera primitiva alrededor de la cual la humanidad ha contado siempre sus historias. Y Morata de Tajuña lo ha entendido con una claridad pasmosa. Es imposible no sentir admiración ante semejante iniciativa. Es imposible no sentir envidia, también, cuando en mi propio pueblo, Meco, tenemos un local moderno, amplio, con una biblioteca de primer nivel y, sin embargo, vacío de todo aquello que hace que un lugar como éste cobre vida.

No es que falte espacio, ni libros. Falta la chispa, la iniciativa, la decisión de hacer de la cultura algo vivo y no una decoración inerte. Falta la pasión que en Morata de Tajuña desborda por cada esquina de su biblioteca y su radio. Mientras en otros lugares se recortan presupuestos para lo que de verdad importa, aquí han entendido que la radio no es un museo de voces pasadas, sino un altavoz de las historias que aún quedan por contar.

Morata no se ha conformado con ser un almacén de libros. Ha convertido su biblioteca en un epicentro cultural que, semana a semana, demuestra que ni todas las radios son iguales ni todas las bibliotecas tienen que resignarse al silencio. Radio Biblioteca es el testimonio de que, cuando hay voluntad y pasión, la cultura no es una estatua de sal, sino una llamarada perpetua.

Desde mi pueblo, con una biblioteca que podría ser un faro y no es más que un gran edificio desaprovechado, no puedo más que aplaudir y envidiar. Ojalá alguien tomara nota. Ojalá alguien en Meco mirara hacia Morata y entendiera que la cultura no es un lujo, sino una necesidad. Y que la radio, ese viejo oficio de contar historias, es todavía un arma poderosa en manos de quienes saben cómo usarla. Que nos lo digan a los que hemos crecido con las voces de fondo de aquellos locutores que nos hicieron soñar.

Enhorabuena, Morata de Tajuña. No sabéis la joya que tenéis.

¡FELIZ DÍA MUNDIAL DE LA RADIO!

Casi un siglo contemplan estas entrañas de cobre y cristal, testigos mudos de un tiempo en el que la radio era la voz de la historia y el eco de las vidas sencillas. Aquí, entre válvulas y frecuencias, mi abuela escuchaba El Parte, la verdad oficial que marcaba los días y las noches de un país que aún se debatía entre el miedo y la esperanza. No era solo un aparato: era la ventana al mundo, el sonido de la memoria, la liturgia de cada jornada. Y aún hoy, tras cien años, sigue aquí, como un vestigio de aquellos tiempos en que la información llegaba envuelta en el misterio de las ondas.

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Enrique Pampliega
Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

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