📝 Nota: Esta imagen ha sido generada con IA. No es la portada del libro, ni lo pretende —aunque molaría. Solo ilustra este post y nuestras ganas de espectáculo. La portada oficial, la de verdad-verdad, la encontrarás más abajo.

Nunca he creído en las casualidades. Y si alguna vez lo hice, se me pasaron con la edad, como los dolores de crecimiento o la fe en los reyes magos. Por eso, cuando cayó en mis manos La geología en el cine de Marc Martínez Parra, supe de inmediato que no estaba ante un libro más. No era solo un manual, ni un catálogo, ni siquiera un ensayo brillante –que lo es–, sino un acto de amor. Una declaración épica escrita con la pluma de un geólogo, pero con el corazón de un director de fotografía que ha pasado años buscando el encuadre perfecto entre afloramientos rocosos.

Marc no es nuevo en esta guerra. Ya en mi humilde blog tuve ocasión de escribir sobre su talento en otro frente igual de fascinante: los cómics de superhéroes. Aquella entrada, que titulé La Geología en los cómics de superhéroes: un viaje desde la obra maestra de Marc Martínez, fue una de esas piezas que uno escribe con gusto, porque hay autores que lo merecen. Y ahora vuelve, el muy canalla, con una obra monumental que no deja indiferente a nadie que haya pisado campo, pisado cine o pisado ambos con la misma devoción.

Un viaje de vuelta al origen

Marc nació en Manresa, en 1966. Licenciado en Ciencias Geológicas por la Universitat de Barcelona, doctor por la Autónoma de Madrid, ha caminado largo y tendido por el terreno. Dos décadas en el Instituto Geológico y Minero de España curtieron su mirada, y desde 2011 trabaja en una Confederación Hidrográfica, con el agua como compañera, enemigo y símbolo. Pero su verdadera querencia viene de lejos: el cine, los cómics, la ciencia ficción de Serie B a Z, cuando ser friki aún no era una etiqueta comercial sino una pasión solitaria y valiente.

Este libro es, en cierto modo, su testamento vital: una mezcla de todo lo que ha amado. Cine y geología, paisajes reales e imaginados, fallas tectónicas y líneas de guion, volcanes de celuloide y minerales como macguffins narrativos. No se puede escribir algo así si no se ha vivido desde dentro. Y Marc lo ha vivido. Vaya si lo ha vivido.

El paisaje como protagonista

Desde la primera página, el lector entiende que esto no va solo de rocas ni de películas. Va del modo en que la geología ha sido y sigue siendo un protagonista silente del cine. Desde el Monument Valley de John Ford hasta los paisajes marcianos rodados en Jordania para The Martian o Rogue One, pasando por los cañones de Arizona donde se ambientaron los wésterns que definieron una época, Marc demuestra que la Tierra ha actuado en más películas que Humphrey Bogart.

Y no es una forma de hablar. El libro se abre como una carta de navegación para geólogos con alma de director de arte. No hay roca, pliegue o cenote que no tenga su lugar. Marc lo articula con una estructura impecable: desde los paisajes modelados por la erosión fluvial hasta los horrores volcánicos de Serie Z, desde las cuevas kársticas de aventuras pulp hasta las minas espaciales donde se libran guerras por el unobtainium. Porque sí, en este libro hay también Avatar, Indiana Jones, Jurassic Park, El día después de mañana, Volcano, Dante’s Peak… pero también 127 horas, Mad Max o Un lugar en el mundo, esa joya argentina donde el geólogo es protagonista y el paisaje un personaje más.

No en vano fue Marc quien leyó públicamente el saber hacer del gran actor español José Sacristán en dicha película, en un acto donde se le concedió –y con razón– el título de Geólogo Honorífico. Aún recuerdo esos momentos con un Sacristán entrañable, evocando a aquellos actores viejunos de Hollywood que castellanizábamos con desparpajo: Jon Vaine o Tirone Pover. Jornada memorable aquella, de las que uno guarda en el zurrón de los buenos días.

Un festín para geocinéfilos

Lo que deslumbra, por encima de todo, es el rigor con el que se trata cada ejemplo. Marc no se limita a decir que tal película se rodó en tal sitio. Te cuenta qué formación geológica aparece, su edad, su litología, su simbolismo en pantalla y hasta sus coordenadas si uno quiere ir a tocar la roca con los dedos. Es un festín para el lector técnico, sin dejar de ser accesible para el curioso general.

El capítulo sobre la vulcanología es una maravilla: va desde los desastres reales a los ficticios, con monstruos incluidos, pasando por los usos míticos del volcán como escondite de villanos o lugar de nacimiento de criaturas infernales. Y no falta ni una mención al cine japonés de kaijus, ni a los dinosaurios de stop-motion, ni al uso de las aguas subterráneas como elementos mágicos, curativos o malditos.

La minería, por su parte, se presenta con toda su ambivalencia: motor de riqueza y de tragedia, excusa para aventuras y fuente de conflictos. Marc no se olvida de los accidentes mineros, ni del uso de las minas como escenarios cinematográficos, ni del tratamiento que ha dado el cine al extractivismo moderno. Y, cómo no, hay un capítulo glorioso sobre la hidrogeología, donde el agua se convierte en tesoro, en amenaza, en droga y en milagro.

Una edición a la altura

Un trabajo visual sencillamente impecable. Fotografías reales, otras generadas con IA, mapas, columnas estratigráficas y referencias a trailers y escenas completas disponibles en YouTube. El lector puede detenerse, buscar la escena, y comprobar por sí mismo lo que Marc describe con precisión quirúrgica. Es, en cierto modo, un libro expandido, interactivo, un hipertexto analógico.

Es un libro para tener en papel, para manosear, para volver una y otra vez con un café en la mano y una película en pausa. Y dicho esto –me van a perdonar los muy de papel–, no puedo evitar dejar constancia, como lector curtido en estas lides digitales, de que si la edición física es excelente, una versión online con enlaces activos a todas las referencias sería ya la apoteosis geocinéfila. Poder hacer clic y saltar de la columna estratigráfica al tráiler, del fotograma al artículo citado, sería, en este siglo XXI que nos toca en suerte, el complemento natural a un trabajo que –y no exagero– se me antoja inabarcable. Lo dice quien se precia de ser lector versado en la cosa 2.0, y que sabe que algunos libros no solo se leen: se navegan.

No es un libro, es una declaración

Lo más valioso de La geología en el cine es su profundidad. Porque bajo el catálogo, la anécdota y el dato técnico, hay una declaración de principios: el convencimiento de que la geología no es un simple decorado, sino un actor más en la gran narración humana. En el cine, como en la vida, los paisajes nos moldean, nos condicionan y nos salvan.

Marc sabe que la geología está en todas partes: en el polvo que se levanta tras un tiroteo del Spaghetti Western, en la explosión que agrieta la bóveda del supervillano, en la montaña que sirve de frontera simbólica entre el bien y el mal. Y sabe que los geólogos o simples admiradores del oficio, tenemos la responsabilidad de mirar, entender y contar esas historias.

Este no es un libro más. Es un grito de amor al cine y a la tierra. Una prueba más de que el conocimiento puede ser épico, emocionante, narrativo. De que una columna basáltica puede decir más sobre la naturaleza humana que mil discursos huecos. De que el cine, cuando se hace bien, puede educar, emocionar y formar.

Cierre con pólvora

Termino este texto, como quien se levanta de una butaca polvorienta tras ver una buena película. Uno de esos filmes que dejan huella, que uno recomienda sin reservas, que se convierten en clásicos instantáneos. Eso es La geología en el cine de Marc Martínez Parra.

Y desde aquí, desde este rincón modesto en la red, me atrevo a decirlo alto y claro: si eres geólogo, este libro te hará recordar por qué elegiste esa carrera. Si no lo eres, te hará desear haberlo sido. Y si alguna vez soñaste con unir ciencia y narrativa, terreno y celuloide, aquí tienes tu manual de instrucciones.

Que descanse en lugar preeminente en tu biblioteca. Inspire tus clases, tus charlas, tus rutas, tus artículos. Que te acompañe al campo como una brújula literaria. Y que, cuando lo hojees años después, recuerdes que hubo un tipo en Manresa que lo entendió todo antes que nadie. Y lo escribió, para que no se nos olvide.

¿Dónde conseguirlo?

¿Dónde conseguirlo?, te preguntarás, alma inquieta. Pues corre, llama, implora al Ilustre Colegio Oficial de Geólogos. Reclama tu ejemplar antes de que otro lector –menos avispado, pero más rápido– se te adelante. Porque no hablamos de un bestseller de aeropuerto, sino de un volumen que vuela más rápido que un trilobites bien fosilizado en un domingo en el Geominero.

¿Qué cómo lo he conseguido yo? Bueno, confieso que tuve mis ventajas. Pero lo que importa ahora es que muy pronto estará disponible en la tienda online del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos, ese oasis digital donde uno puede encontrar desde publicaciones de referencia hasta objetos para el geólogo moderno con gusto y criterio. Porque esa tienda –no me cansaré de repetirlo– es mucho más que un escaparate: es una trinchera de cultura geológica, una trastienda virtual donde se conserva lo mejor de la profesión. Así que no hay excusas. En cuanto asome por allí, haz clic, mete el libro en el carrito y no mires atrás. Que esto no es Amazon, amigo: aquí los ejemplares vuelan como un pterosaurio alzado sobre los vientos del Cretácico.

Así que no digas que no estás avisado. Hazte con tu ejemplar. Y que ruja la geología… también en el cine.


Pon a prueba tus conocimientos sobre geología y cine con el TRIVIAL GeoCine

13/08/2025. Amplío este post incorporando el TRIVIAL GeoCine, un juego online basado en el magnífico libro de Marc Martínez. Más que un simple entretenimiento, es un homenaje a la obra y un desafío para todo aquel que se atreva a medirse con 150 preguntas que viajan del celuloide a la roca, y de la pantalla a la veta.

El trivial te permite jugar en solitario o a dos jugadores, con preguntas que se presentan en orden aleatorio en cada partida. Tendrás pistas para no naufragar del todo, pero no esperes clemencia: aquí se separa al aficionado del auténtico geólogo de butaca.

Puedes jugarlo directamente en esta misma página, gracias al código embebido bajo estas líneas, o —si prefieres ir a tiro hecho— acceder desde este enlace directo para abrirlo a pantalla completa y sin distracciones.

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Enrique Pampliega
Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

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