No suelo empezar los textos con ira, pero a veces la indignación no se dosifica: arde. Como las naves de la empresa de baterías de litio que ayer viernes ardieron en Azuqueca de Henares. Un fuego que vomitó al cielo una nube tóxica digna de una peli de catástrofes, de esas que no ves en la tele porque te está tocando vivirla en zapatillas. Meco, mi pueblo, el que está justo al lado, ni se enteró. O, más exactamente, no le dejaron enterarse. Las administraciones, todas, hicieron lo que mejor saben hacer en estos casos: prácticamente nada.

No se escuchó ni un aviso. Ni un miserable coche de policía con megafonía, como el que circuló en 2019 cuando volcó un camión cisterna cargado de hipoclorito sódico en la R2. Entonces, al menos, pasó alguien gritando por los altavoces que cerráramos las ventanas. Era agosto y sudabas como un pollo en un horno, pero la cosa parecía seria. Esta vez ni eso. Nada. Silencio administrativo. Y nunca mejor dicho.

La cosa es tan grotesca que parece escrita por Valle-Inclán en pleno delirio. Resulta que ayer, viernes, brujuleando por las redes -porque ya uno no espera información de su Ayuntamiento, ni de la Comunidad, ni de Protección Civil, ni de nadie que cobre por, entre otras cosas, informar de lo importante-, empiezo a ver que algo pasa en Azuqueca. Un incendio. Una nube. Gente que pide no salir a la calle. Las autoridades de Castilla-La Mancha envían un Es-Alert a las poblaciones de Azuqueca, Alovera y Cabanillas del Campo recomendando a sus habitantes que se confinen, cierren puertas y ventanas, y apaguen los aparatos de climatización. En Meco, frontera con el infierno, nada, un triste Xuit del 112 de la CAM.

Hoy, a las siete de la mañana me dispongo a salir a correr. Viejuno y desconfiado que es uno, miro el móvil antes de calzarme los trastos de matar: zapatillas, pantalón corto, camiseta y ese pulmón y medio que le queda a este asmático para afrontar el aire de la estepa del Henares. Entro en el perfil de X del 112 de la Comunidad de Madrid y, oh sorpresa, me encuentro un xuit reciente: “Mantener ventanas cerradas y evitar transitar por la vía pública”. Lo leo dos veces. Va dirigido a los vecinos de Alcalá de Henares y Meco. Meco. Mi Meco.

Una hora después, a las ocho de la mañana, no había recibido absolutamente nada por las vías oficiales. Ni un mensaje del Ayuntamiento. Ni una publicación en su web. Ni una alerta push en su app. Ni una señal de humo desde Protección Civil. Ni una actualización en su Facebook o Instagram, nada. Si te enterabas, era porque seguías al 112 de la CAM. Y si no, pues suerte con ese aire cargado de litio, cadmio, plomo y vete tú a saber qué más.

La situación es de traca. En 2024 nos llenaron la cabeza con lo del sistema de alertas estatal: que si llegará una notificación a todos los teléfonos, que si pruebas en todas las comunidades, que si la seguridad ciudadana del siglo XXI. Lo que hemos visto aquí es la seguridad del siglo XIX. Si no lo ves con tus ojos o lo hueles con tus narices, no existe. Que te jodan si tienes problemas respiratorios. Que te jodan si vas a correr. Que te jodan si paseas al perro. Que te jodan si eres vecino de Meco y estás pagando impuestos como un cabestro.

¿Dónde está el protocolo? ¿Dónde están los responsables? Porque esto no es un fallo puntual. Es una cadena de negligencias, una suma de desprecios a la inteligencia y la salud de los ciudadanos. Las alertas no funcionaron —en la CAM—. Las redes sociales oficiales no se activaron en Meco. Nadie tuvo la decencia de informar de un modo, llamémoslo, contundente. Es más, da la sensación de que no sabían ni qué tenían que hacer. Y eso, en una emergencia, se llama incompetencia. O desidia. O ambas.

Uno entiende que el mundo no es perfecto. Que un fuego puede pillarte por sorpresa. Que la coordinación entre regiones no siempre es sencilla. Pero lo de ayer fue un desastre con todas las letras. Porque hubo tiempo. Porque hubo canales. Porque hubo precedentes. Y porque no hubo voluntad.

En 2019, ya lo he dicho, pasó un coche patrulla advirtiendo del riesgo por la fuga de hipoclorito sódico. Era agosto. Era de noche. Y se agradeció. No era un sistema perfecto, pero al menos alguien pensó en los vecinos. Esta vez, en pleno 2025, con redes sociales, sistemas digitales de alerta, apps municipales y la madre que los parió, no se movió ni un dedo.

Y lo peor no es que no avisaran. Lo peor es que hoy, día siguiente, sigue sin haber una sola explicación. Ni un «nos pilló de sorpresa», ni un «se nos coló», ni un «estamos revisando el protocolo». Nada. Porque aquí no dimite nadie. En Meco, el Ayuntamiento guarda silencio. Protección Civil está de perfil. Y los vecinos, pues eso, respirando humo a ciegas.

Y menos mal que aún queda dignidad en el pueblo. Porque si ayer alguien salvó el pellejo de más de uno, no fue la Administración ni sus bien pagados portavoces, sino los vecinos. Esos que, en los grupos de Facebook de Meco, se dedicaron a compartir lo que sabían, lo que intuían, y hasta lo que olían, como si fueran centinelas de la vieja guardia. Gente sin cargo ni presupuesto, pero con más sentido común que media concejalía. A golpe de publicación y comentario, fueron los únicos que alertaron a sus paisanos del humo, de la nube, del riesgo. El pueblo salva al pueblo, como tantas veces. Porque cuando las instituciones fallan, es la vecindad la que prende la antorcha. Ojalá no hiciera falta. Pero benditos sean por estar ahí.

Alguien dirá que exagero. Que el fuego estaba lejos. Que la nube no era tan grave. Que los servicios estaban al tanto. Que no se alarmara a la población innecesariamente. Excusas de mal pagador. Porque si es grave para Azuqueca, lo es para Meco. Y si das una alerta en redes para un municipio, la das también para el otro. Y si hay riesgo, se comunica. Y si no hay riesgo, también, para que la gente sepa a qué atenerse. Lo que no puede ser es esta nada que huele a desprecio.

La tecnología existe. El protocolo existe. Los sueldos públicos existen. Pero falta lo de siempre: voluntad. Interés. Sentido común. Un poco de profesionalidad. Porque para poner el cazo y cobrar a fin de mes, todos están prestos. Pero para cumplir con el deber, para aparecer en el momento justo, para avisar de que hay una nube tóxica sobre tu cabeza, no hay nadie.

Y mientras tanto, como decían los Mojinos Escozíos, «vamos p’atrás como los putos cangrejos». Involucionamos. Nos digitalizan la vida, pero no saben mandar un aviso. Nos dan apps y portales, pero no informan. Nos venden seguridad y protocolos, pero todo es humo. Humo que, como ayer, se cuela por las ventanas de los incautos que aún creen en el sistema.

Así que revisen los protocolos, panda de majaderos. Que la próxima vez puede que no sea litio, sino algo peor. Y entonces no bastará con cerrar las ventanas. Entonces se les caerá el sistema encima. Y ya no habrá red social que lo maquille.

Y mientras tanto, aquí seguimos. Con la confianza en las instituciones hecha cenizas. Con la sensación de que nos toman por idiotas. Y con la certeza de que, si llega el apocalipsis, seremos los últimos en enterarnos. Porque el humo es libre, pero las alertas tienen fronteras.

Ojalá me equivoque. Pero no creo. Porque ya lo dijo el viejo sabio de mi barrio: «cuando uno está solo, no le queda otra que aprender a oler el peligro». Pues eso. Que cada uno vigile el viento. Porque del Estado, ya no se fía ni el perro.


¿Qué sucede con las partículas liberadas al aire cuando caen al suelo? Pues que dejan de flotar para convertirse en un problema aún más silencioso. Llovió, sí, y muchos creyeron que aquello calmaba el peligro. Pero la lluvia no limpia, arrastra. Lo que no respiraste, lo pisas. Esas partículas —metales pesados, compuestos tóxicos, restos de baterías quemadas— acabaron en la tierra, empapando cultivos, filtrándose hacia acuíferos y pozos, quedándose donde nadie mira pero todos bebemos. En una zona agrícola como esta, el veneno no desaparece: se siembra. Y mientras tanto, ni una sola autoridad se ha dignado a explicar si alguien ha analizado el suelo, el agua o el aire. Porque aquí, si no se mide, no existe. Y si existe, mejor callarlo. No vaya a ser que tengamos que señalar al responsable.

Resume el artículo con tu IA favorita

Artículo anteriorCrónica del descarrilamiento ferroviario en España
Artículo siguienteCensura exprés: el verano que enterraron la libertad de prensa
Enrique Pampliega
Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

6 COMENTARIOS

  1. «Porque el humo es libre, pero las alertas tienen fronteras»
    Tremenda frase. Demoledora.
    Entiendo tu indignación, querido vecino. Anoche olía fatal, mucho peor que el día anterior. Tras cerrar todas las ventanas y apagar el aire acondicionado, busqué información sobre el incendio, el esperado aviso que nunca llegó… Para mí sorpresa, seguimos sin información oficial, más allá del X de la CAM.
    Tristemente, es como dices, uno termina protegiéndose por intuición.

    • Gracias, Nerashte. Lo más demoledor no es la frase, es la realidad que la inspira. Cuando respirar limpio depende de tu intuición y no de un aviso oficial, algo huele mal… y no es solo el humo. Que estemos en 2025 y sigamos informándonos por corazonada y grupos de Facebook es, como poco, vergonzoso. Un saludo, vecina, y cuídate tú… que las instituciones no lo harán.

  2. Así funciona este país.
    Vivo en Azuqueca y recibí la primera alerta del 112 en mi móvil y ya no recibí nada más aunque hubo otras tres más.
    Además la información consistorial brilla por su ausencia y no sabemos ni si ya se pueden abrir las ventanas , ni si las baterías siguen ardiendo, ni qué porcentaje ha ardido, ni cuanto tiempo estiman que va a durar.
    Sólo el primer día hubo una declaración de la máxima autoridad consistorial diciendo que podía ser largo y ya está.
    Son torpes, vagos e incompetentes.

    • Gracias, Antonio. Que vivas en el epicentro del problema y no sepas si puedes abrir la ventana o si aún hay fuego, lo dice todo. Lo del 112 parece una rifa: te toca una alerta y luego nada más. Y los que deberían dar la cara… escondidos detrás de su desgana funcionarial. Lo has clavado: torpes, vagos e incompetentes. Y encima con nómina pública. País.

  3. esto de las particulas esas que decis eso que es son malas o que se meten en el agua o en la tierra y luego que pasa nadie dice na y aqui estamos tragando mierda sin saber ni lo que es esto es muy raro la verdad alguien sabe algo o lo que sea

    • Tranquilo, no eres el único que tiene dudas, y es normal. No se trata de alarmarse, pero sí de saber qué ha pasado. Cuando hay un incendio de este tipo, como el de las baterías, es posible que algunas partículas queden en el suelo y, con el tiempo, puedan afectar al agua o a la tierra. Por eso lo importante ahora no es asustarse, sino que las autoridades hagan su trabajo y nos informen con claridad. Un informe, unos análisis, algo que diga si hay riesgo o no. Porque con la verdad por delante, cada uno puede tomar decisiones y estar tranquilo. Lo que no se puede es estar a ciegas.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí