Hay días en los que uno se levanta optimista. Mira Twitter —o X, como lo rebautizó Elon Musk en uno de sus arranques de megalomanía— y se topa con una efeméride marciana: «Tal día como hoy despegaba la misión #Mars2020 con el rover #Perseverance rumbo a Marte», anuncia la cuenta oficial de la Agencia Espacial Española. Y uno, que tiene más canas que paciencia y más cariño por las ciencias de la Tierra que fe en las modas del algoritmo, afina la vista. Porque sigue el hilo, claro. Porque espera encontrar algo más. Algo de lo que no se habla casi nunca: geología.
Y sí, el mensaje continúa celebrando la presencia del instrumento MEDA a bordo del rover. Muy bien. Muy justo. El MEDA —desarrollado por el Centro de Astrobiología— mide la temperatura, el viento, la humedad y la radiación marciana. Todo necesario. Todo útil. Todo tecnológico y moderno. Todo “espacial”. Pero ahí se para la historia. Ni una mención a SuperCAM. Ni una palabra sobre geología planetaria. Ni una alusión, aunque sea de refilón, a los investigadores del Instituto de Geociencias (IGEO), que también tienen a Marte en el punto de mira desde hace años.
Y claro, uno se indigna. Porque SuperCAM, que también va a bordo del Perseverance, es uno de los instrumentos estrella de la misión. Porque cuenta con participación española. Porque su tecnología permite disparar láseres —sí, láseres— para analizar a distancia rocas y suelos. Para identificar compuestos orgánicos. Para estudiar la composición mineralógica y química de los afloramientos marcianos a más de siete metros de distancia. Y porque, en definitiva, es geología de vanguardia con denominación de origen hispana, con artículos científicos e incluso estudios siendo portada en revistas como Nature o Science, entre otras.
Pero eso no vende tanto. Porque hablar de espectroscopía Raman o de láseres LIBS no luce tanto como decir que llevamos una estación meteorológica con sello español. Porque la geología —esa ciencia que huele a tierra, a martillo y a polvo de campo— sigue siendo la gran olvidada. Incluso cuando se hace con láseres desde Marte y con martillos de geólogo y cerebro desde zonas como Lanzarote y Tenerife, en Canarias, donde incluso se instruye a astronautas.
Uno pensaría que en un país con riesgo sísmico, con vulcanismo activo (hola, La Palma), con problemas de abastecimiento de agua, con minería estratégica pendiente de regulación y con un patrimonio geológico envidiable, la geología estaría más presente en los discursos públicos. Pero no. Aquí seguimos, como siempre, invisibles. En segundo plano. En la trastienda del espectáculo científico.
Y sin embargo, sin geología no hay astrobiología. Ambas se complementan. No hay exploración planetaria seria. No hay comprensión de la historia marciana ni posibilidad de identificar con rigor vestigios de vida. Sin geólogos, los rovers son casi ciegos: pueden rodar, pueden fotografiar, pueden medir temperaturas. Pero entender lo que pisan, saber si una roca guarda secretos del pasado marciano o si ese polvo rojizo tiene sentido, eso lo hace la geología. Y lo hacen los geólogos.
En este caso, lo hace un equipo del Instituto de Geociencias (IGEO), centro mixto del CSIC y la Universidad Complutense de Madrid. Un equipo que ya participó (y participa) en la misión Curiosity, que lleva años analizando análogos terrestres para comprender Marte y que ahora forma parte de la misión Mars 2020 con SuperCAM. ¿No merecían al menos una mención? ¿Una línea? ¿Una palabra?
Pues parece que no. Porque la geología no da likes. Porque nadie se hace selfies con una roca. Porque la épica científica, cuando toca hablar de Marte, parece reservada a los sensores de viento y a los helicópteros que zumban por el cielo marciano.
Y eso duele. No por una cuestión de protagonismo —que también—, sino por lo que revela del lugar que ocupa la ciencia geológica en nuestro país. Cuando incluso una agencia espacial olvida mencionar una contribución clave en una misión internacional, algo falla. Cuando ni siquiera en Marte se reconoce el trabajo de nuestros geólogos, uno empieza a preguntarse si no seremos un país condenado a ignorar su subsuelo… incluso cuando está a millones de kilómetros.
Podría parecer una anécdota. Un simple despiste. Pero no lo es. Es el reflejo de un patrón. De una inercia. De una desmemoria crónica. Porque la geología siempre ha sido la ciencia invisible. La que llega después. La que no se aplaude. La que no sale en los titulares. A pesar de que está en todas partes: en la energía, en el agua, en los riesgos naturales, en los recursos minerales, en la historia del planeta… y sí, también en Marte.
Así que desde aquí, con el respeto que merece la Agencia Espacial Española y con la admiración debida por el instrumento MEDA, solo cabe pedir una cosa: un poco más de justicia científica. Un poco más de visibilidad para quienes, desde el IGEO o desde otros rincones del mapa, estudian los paisajes de otro planeta con la misma pasión con la que desentrañan los de este.
Porque el Perseverance avanza por Marte, sí. Pero lo hace también gracias a quienes, desde Madrid, desde el CSIC, desde la Complutense, desde la geología, ponen ciencia española sobre la superficie roja. Aunque a veces nadie se acuerde de contarlo.

Alcemos la voz, alto y claro, en favor de la Geología.
En la España en la que vivimos, la madre Tierra no recibe la atención que merece. La Geología —la ciencia que estudia precisamente el planeta que habitamos— sigue siendo ignorada por quienes toman decisiones. Y, sin embargo, irónicamente, es protagonista en los titulares casi cada día.
Hoy, por ejemplo, el mundo entero está en alerta por un posible tsunami provocado por un terremoto de magnitud 8.0 en la península de Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia. Este evento no es un misterio: es Geología pura.
Ocurrió por la interacción tectónica en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las regiones más activas sísmica y volcánicamente del planeta. En concreto, en una zona de subducción donde la placa del Pacífico se desliza bajo la placa de Ojotsk.
Kamchatka es especialmente vulnerable a estos fenómenos por su ubicación junto a la Fosa de las Kuriles, otro punto caliente geológico. La escasa profundidad del sismo (18–19 km) amplificó su impacto, aumentando el riesgo de tsunamis. Ya hay alertas en Rusia, Japón, Alaska, Hawái y otras regiones del Pacífico.
¿Y aún se preguntan si la Geología es importante?
Este planeta es nuestro hogar. La Geología no es solo una carrera interdisciplinar; es la ciencia que nos ayuda a entender, anticipar y protegernos de los riesgos naturales que nos afectan cada día.
La tierra habla. Es hora de escucharla.
Gracias, Yolanda. Lo has dicho claro: la Tierra habla, pero aquí pocos escuchan. Y menos aún entienden. La Geología no es adorno ni asignatura pendiente: es ciencia vital. Y mientras medio planeta tiembla, en España seguimos dándole la espalda.