No sé qué verano estará usted viviendo, pero aquí, en esta parte de España donde hasta las lagartijas se cuecen antes de llegar a la piedra, el calor no es una ola: es un maldito tsunami térmico. Más de cuarenta grados a la sombra, las calles vacías y la única fauna visible son cuatro turistas despistados que todavía creen que esto de la siesta es un invento de vagos. Yo, al cobijo del aire enlatado —que algún día me costará un riñón en la factura—, he decidido pasar las horas como mejor sé: jugando. Y no a cualquier cosa, no. Jugando con GPT-5 para revivir viejos vicios, de esos que olían a disquete, pantalla de fósforo verde y meriendas a deshora.

Antes de embarcarme otra vez en La Abadía del Crimen —los viejunos sabrán de lo que hablo— me he sacado de la manga tres criaturas digitales. El primero, AstroTrivial. No sé si fue la nostalgia de aquellas tardes de mesa camilla con el Trivial original, o la hartura de escuchar en tertulias a tipos opinando del espacio con la misma seriedad con la que hablarían de la receta del gazpacho. El caso es que, con la inestimable ayuda de GPT-5, me he montado este vicio sin trampa ni cartón… bueno, con alguna trampa, para qué engañarnos. Preguntas de todo pelaje: desde quién fue el primero en pisar la Luna hasta qué demonios es el regolito, pasando por sondas olvidadas, misiones chinas y maldades de ciencia ficción para despistar.

Los desarrolladores tienen aquí un aliado formidable… y al mismo tiempo, un competidor temible

Le sigue TRIVIAL GeoCine, un juego online parido a partir del magnífico libro de Marc Martínez. Más que un entretenimiento, es un homenaje a su trabajo y un reto que mezcla roca y celuloide. 150 preguntas que viajan de la pantalla a la veta, de los Andes a Hollywood, y que separan al aficionado del geólogo de butaca. Puedes jugar en solitario o a dos jugadores, con pistas para no naufragar del todo, aunque aquí tampoco hay clemencia.

Y, para rematar, El Geólogo Estelar. Aquí me vas a permitir un momento de abuelo cebolleta. Verano del 95. Un servidor, encerrado frente al ordenador, café en la mesa y calor pegajoso en el aire, con una hija pequeña empeñada en trastear las teclas como si fueran piezas de Lego. De esa alianza improbable salió un mata-marcianos casero que un año más tarde acabaría en un CD-ROM de software para geociencias. Treinta años después, GPT-5 me ha fabricado su sucesor en poco más de media hora y sin escribir una sola línea de código. Los tiempos cambian, las batallas también. Pero la sonrisa al machacar platillos volantes sigue siendo la misma.

Lo curioso de todo esto es la extraña sensación de decirle a GPT-5: haz esto, y que lo haga. Sin más. Las “conversaciones” para pulir los juegos, los errores que iban apareciendo, las pruebas y retoques… han convertido la experiencia en algo tan alternativo como fascinante. No he podido evitar recordar el coste en tiempo y dinero que supuso en su día —alguno hace 30 años— crear algunos de estos juegos: uno lo hice para MS-DOS, picando código como un condenado, y otro lo desarrolló una empresa en Flash, con reuniones, plazos y facturas que todavía duelen al recordarlas. Hoy, lo que antes requería semanas y presupuesto, se resuelve en horas y a coste irrisorio. Sin duda, los desarrolladores tienen aquí un aliado formidable para aumentar su competitividad… y al mismo tiempo, un contrincante temible.

Así que ahí lo tienes: tres juegos y tres maneras de pasar el verano sin que el calor acabe fundiéndote las ganas de vivir.

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Enrique Pampliega
Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

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