En 1971, Henry Kissinger se reunió con Zhou Enlai, primer ministro chino. El norteamericano, henchido de orgullo patrio, destacó la importancia de los valores democráticos en Estados Unidos desde su fundación. Zhou, con esa calma de funcionario imperturbable y la conciencia de pertenecer a una civilización de cinco milenios, lo fulminó con una sola frase: “Doscientos años de historia… son apenas un parpadeo para China”. Ahí queda eso. La anécdota me encanta porque revela, de golpe, lo que este libro de Adrián Díaz Marro expone con método y paciencia: la inmensa distancia entre cómo nos miramos a nosotros mismos y cómo nos ven ellos.

Me recuerda, inevitablemente, a aquel chascarrillo de Jordi Pujol en un viaje a China. Cuentan que, nada más bajar del avión, el entonces presidente de la Generalitat, ufano, se dirigió al primer chino que encontró: “Soy Jordi Pujol y represento a Cataluña. Somos seis millones de catalanes”. El chino, sin pestañear, respondió: “¿En qué hotel están alojados?”. Así de demoledor. Para un país de mil cuatrocientos millones de habitantes, seis millones son una estadística menor, poco más que una nota a pie de página.

Con estos ejemplos en la cabeza abrí 21 claves para entender China en el siglo XXI. Y lo confieso: me fascinó. Porque yo siempre he sentido un interés especial por China. Lo más cerca que estuve de pisarla fue en 1992, cuando al final me fui un mes por Rusia y Ucrania. Entonces, dos países hermanos. Hoy, una guerra fratricida que está tiñendo de sangre Europa oriental. Así cambia el tiempo las cosas y los malos rollos. Curioso: en aquel 92 podías encadenar treinta días de viaje sin arruinarte, con lo que daba una nómina. Hoy, para un paisano corriente, tirarse un mes fuera supone hipotecar medio año de trabajo y venderle un riñón al banco. Pero claro, dicen algunos indocumentados que España ha mejorado. Ya. Mejorado para unos pocos.

El caso es que tuve que aparcar China porque el presupuesto no me llegaba. Treinta días recorriendo ese país me salían imposibles. Y sin embargo, de la China de 1992 a la de hoy va un abismo: económico, tecnológico, social. Por eso, cuando cayó en mis manos el libro de Adrián Díaz Marro, lo devoré. Y no me arrepiento.

Un libro que pide derribar prejuicios

Lo primero que hay que decir es que este libro es una sacudida en toda regla. Una invitación a dejarse de tonterías y a intentar mirar a China sin prejuicios ni estereotipos. No desde esa superioridad moral con que muchos europeos —y no digamos americanos— analizan al resto del planeta, convencidos de que su visión es la única correcta. Sino con la apertura de mente suficiente como para aceptar que hablamos de una civilización milenaria, con su propia lógica, historia y evolución.

En el fondo, Díaz Marro nos pide algo que parece fácil de decir pero difícil de practicar: “Salir de nuestro propio sesgo y observar a los chinos desde una perspectiva verdaderamente global. No critiquemos todo lo que no entendemos”. Y es verdad. Somos muy dados a despachar cualquier cosa que no encaje en nuestro esquema mental con un “estos chinos están locos”. Lo mismo nos reímos de sus mercados gigantescos, de sus restricciones políticas o de sus formas de trabajo. Pero ¿quién demonios nos ha dado a nosotros el monopolio de la verdad?

El peso de la experiencia

Claro que para hablar de China con esta autoridad hace falta algo más que leer titulares de prensa. Y ahí está la diferencia. Díaz Marro vive en China desde 2006. Se dice pronto: casi dos décadas en el terreno, no de turista ni de académico encerrado en una torre de marfil, sino como consultor internacional. Ha trabajado con empresas en China, Hong Kong, Macao, Camboya, Vietnam, Tailandia, Kazajstán o Georgia. Ha colaborado con gobiernos locales chinos y universidades. Ha escrito más de quinientos artículos sobre economía, cultura, sociedad y geopolítica del gigante asiático. Y lo invitan regularmente a dar conferencias.

O sea, que no estamos ante un aficionado. Aquí habla alguien que se ha jugado la piel profesionalmente, que ha visto desde dentro cómo funciona la maquinaria china y que conoce sus luces y sus sombras.

Una guía flexible

El libro, además, está pensado para ser leído con libertad. No exige una lectura lineal. Cada una de las “21 claves” es un capítulo autónomo. Puedes entrar en el tema que más te interese y salir de allí con la sensación de haber entendido algo esencial. Eso se agradece. Porque la realidad china es tan compleja que cualquier intento de abarcarla de golpe acaba siendo un laberinto.

La estructura en tres partes también ayuda. Primero, “El Yin y el Yang del individuo”, donde se analizan la psique y el carácter del chino medio. Después, “El hormiguero”, centrado en la sociedad y la comunidad. Y por último, “El gigante despierta”, que aborda la dimensión global de China y su papel en el tablero internacional. Un recorrido que va de lo íntimo a lo colectivo, y de ahí al choque con el mundo.

El individuo: Yin y Yang

La primera parte es, quizás, la más reveladora para un occidental. Porque tendemos a pensar que “los chinos” son una masa homogénea, millones de hormiguitas idénticas trabajando al unísono. Nada más lejos de la realidad. El autor lo deja claro: el chino medio es individualista hasta la médula, convencido de que su éxito depende de sí mismo más que de la comunidad. Persigue la excelencia y la reputación personal, no tanto el mérito abstracto como el resultado tangible: ascender, prosperar, brillar.

Esto no significa que carezca de redes de apoyo —el guanxi, esas relaciones de confianza y reciprocidad, sigue siendo fundamental—, pero el motor último es la superación propia. Cada uno trabaja para sí, convencido de que de su esfuerzo depende su destino. Y es precisamente esa pulsión individual la que, al sumarse millones de veces, convierte a China en la locomotora que es hoy.

Ahí es donde uno empieza a comprender por qué fracasan tantas empresas occidentales en China: llegan convencidas de que se encontrarán con un ejército disciplinado que responde a órdenes colectivas, cuando en realidad se topan con una sociedad donde la competencia individual, la búsqueda del éxito y la autoexigencia son más feroces que en cualquier MBA de Harvard.

La sociedad: el hormiguero

La segunda parte, “El hormiguero”, profundiza en la organización social. Aquí sí aparece esa capacidad de coordinación masiva que asombra a Occidente. Pero no se trata de obediencia ciega: es la suma de millones de individualidades obsesionadas con prosperar, que terminan generando una fuerza colectiva casi imparable.

En este bloque se analizan también las tensiones internas: la urbanización desbocada, la desigualdad entre las zonas costeras ricas y el interior pobre, el choque entre tradición y modernidad. Todo ello conforma una sociedad en ebullición, que cambia a velocidades que marean. Lo que en España cuesta una década, en China se hace en dos años.

El gigante en el mundo

Y llegamos a la tercera parte: “El gigante despierta”. Aquí está el meollo. China en el escenario global. El ascenso de una potencia que ya no se conforma con ser la fábrica del mundo, sino que quiere dictar las reglas. Díaz Marro expone cómo Pekín despliega su influencia: la Nueva Ruta de la Seda, las inversiones en África y Latinoamérica, la expansión tecnológica con Huawei y compañía, el pulso con Estados Unidos por el control del Pacífico y la carrera por la inteligencia artificial.

No se trata de un futuro posible. Es un presente. Mientras en Europa nos dedicamos a pelearnos por cuotas de inmigración o por si hay que subvencionar las bicicletas eléctricas, los chinos están diseñando el mundo que vendrá. Y lo están haciendo con una estrategia a décadas vista, algo inconcebible para unos políticos occidentales que apenas piensan en las próximas elecciones.

Un manual indispensable

El resultado de todo esto es un libro que, como dice el propio autor, pretende ser un punto de inflexión en la información que solemos recibir sobre China. Un compendio para desmontar mitos y ofrecer una perspectiva fundamentada. No es un panfleto ni una hagiografía. No es propaganda ni tampoco demonización. Es, simplemente, un intento honesto de explicar un país demasiado importante para seguir ignorándolo.

Y sí: es un manual indispensable. Porque si seguimos empeñados en mirar a China con los mismos ojos con los que analizamos Francia o Alemania, lo único que conseguiremos es hacer el ridículo.

La fascinación intacta

Confieso que, al cerrar el libro, la espinita de no haber viajado a China en aquel 1992 se me clava más hondo. Hoy sería otro viaje, otro mundo. La China de ahora no tiene nada que ver con la que dejé de lado por falta de presupuesto. Pero la fascinación sigue intacta. Y al menos, gracias a libros como este, uno puede asomarse a ese país descomunal y tratar de comprenderlo. Aunque sea un poco.

Y concluyo con una reflexión amarga. Decía antes que en 1992 un español normal podía permitirse un mes de viaje sin arruinarse. Hoy, eso es casi un lujo de millonarios. Mientras tanto, los chinos, que en aquellos años parecían atrapados en un atraso secular, se han convertido en la locomotora del planeta. Paradójico, ¿verdad? Pues ahí está la prueba de que las cosas cambian. Y cambian rápido.

Leo a Díaz Marro y no puedo evitar pensar que el libro debería ser de lectura obligatoria en institutos y universidades. Porque seguimos educando a generaciones de españoles como si el mundo se acabara en Bruselas o en Washington. Y no: el mundo de hoy tiene un epicentro en Pekín. Negarlo es como taparse los ojos.

Además, me encantó el final del libro: Díaz Marro habla de esa supuesta estrategia distópica del gobierno chino que tanto inspiró a Black Mirror. Y suelta, sin más adornos: “El crédito social no existe. Aquí también te engañaron”. Excelente final. Porque rompe otro mito, uno de los más jugosos para el sensacionalismo occidental, y lo hace con la sencillez de quien sabe de lo que habla.

A lo mejor nunca piso China. O a lo mejor sí. Pero lo que tengo claro es que, después de leer 21 claves para entender China en el siglo XXI, al menos estaré un poco más preparado para mirarla de frente. Sin prejuicios, sin complejos y con la humildad de reconocer que quizá, en este siglo XXI, nos toque a nosotros aprender de ellos más de lo que ellos aprendan de nosotros.

Y lo digo sin rodeos: me encantó este libro y lo recomiendo. No es el primero ni será el último que lea sobre China, pero sí uno de los más claros, directos y útiles que he tenido en mis manos.

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Enrique Pampliega
Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

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