Imagen creada con inteligencia artificial.

Confieso que no todos los días se escribe sobre un amigo al que, literalmente, han puesto a orbitar entre Marte y Júpiter. Y no es una metáfora, que aquí solemos usar muchas. Es un hecho contrastado, con sello oficial y boletín en la mano. Tal y como consta en el último Boletín del WG Small Bodies Nomenclature de la Unión Astronómica Internacional, fechado el 15 de diciembre, el asteroide del cinturón principal conocido hasta ahora como (19756) 2000 EW50 pasa a llamarse, con todas las letras y sin modestias fingidas, (19756) Martínezfrías. Ahí es nada.

Mientras algunos se conforman con que les pongan una placa en una calle mal iluminada o una sala multiusos con goteras, a Jesús le han asignado un pedazo de roca espacial de 4,9 kilómetros de diámetro, girando con disciplina kepleriana alrededor del Sol. No sé ustedes, pero yo firmaba ahora mismo.

(12/12/25) Jesús Martínez Frías. En el momento de su distinción como Colegiado de Honor.

La historia, como todas las buenas historias científicas, tiene algo de azar, algo de vocación y mucho de paciencia. El asteroide fue descubierto el 9 de marzo del año 2000 por dos astrónomos aficionados, Ángel López Giménez y Rafael Pacheco Hernández, desde el Observatorio Astronómico de Mallorca. Astrónomos aficionados, que conviene subrayarlo, porque en tiempos de ciencia enlatada y titulares huecos conviene recordar que aún hay gente que mira al cielo por pura pasión, sin esperar subvenciones ni trending topics.

Durante años, aquel cuerpo celeste fue uno más en la interminable lista de piedras numeradas que pueblan el cinturón principal. Hasta que alguien decidió que ya estaba bien de anonimato y que había trayectorias vitales que merecían algo más que una palmada en la espalda. La nominación fue promovida por la doctora María Rosa López Ramírez y realizada por la Sociedad Malagueña de Astronomía con motivo de su 50 aniversario. Y aquí conviene detenerse un momento y aplaudir despacio, porque no todos los días una sociedad científica tiene el buen gusto y la puntería de acertar así.

Porque si alguien lleva décadas mirando al cielo con los pies firmemente plantados en la geología, ese es Jesús Martínez Frías. Geólogo planetario, astrobiólogo, divulgador incansable y, para quienes tenemos la suerte de llamarlo amigo, una de esas raras personas capaces de explicar el origen de un meteorito mientras te hace reír y te recuerda, sin solemnidades impostadas, que la ciencia es una forma muy seria de curiosidad infantil bien educada.

Hace apenas unos días, como decía al principio, su colegio profesional lo distinguía como Colegiado de Honor. Un reconocimiento merecido, aunque tardío, como suelen ser los reconocimientos en este país nuestro, tan dado a mirar de reojo a quienes trabajan con rigor y sin aspavientos. Y ahora llega esta noticia, que ya no es de este mundo, literalmente. Un asteroide con su nombre. Un apellido español viajando en silencio por el espacio profundo, recordándonos que también desde aquí se hace ciencia de primera división.

Hay algo profundamente poético en que un geólogo planetario termine dando nombre a una roca espacial. Es casi una broma privada del universo, una de esas ironías finas que no necesitan chiste. Jesús lleva media vida estudiando meteoritos, impactos, procesos planetarios y los límites difusos entre la geología y la astrobiología. Y ahora resulta que una de esas piedras errantes queda oficialmente ligada a su nombre, como si el cosmos hubiese decidido decirle: “vale, ya te hemos oído”.

No es poca cosa. El proceso de nombrar cuerpos menores del Sistema Solar es riguroso, lento y exigente. No se regalan nombres, ni se conceden por simpatía o por cuota. Estar ahí implica reconocimiento internacional, consenso científico y una trayectoria que resiste el escrutinio de quienes saben de qué hablan. Por eso conviene decirlo claro, sin falsa modestia ni exceso de azúcar: esto no es un homenaje simbólico, es un hito.

A partir de ahora, cada vez que algún investigador consulte datos orbitales del (19756) Martínezfrías, cada vez que aparezca citado en una base de datos astronómica o en un artículo técnico, el nombre de Jesús viajará con él. No en bronce ni en mármol, sino en tablas de efemérides, en simulaciones dinámicas y en discusiones científicas. Mucho más útil, dónde va a parar.

Y a los que conocemos a Jesús nos resulta inevitable sonreír al imaginarlo encogiéndose de hombros, quitándole hierro al asunto y devolviendo la conversación a lo que de verdad importa: la ciencia, la educación, la necesidad de pensar a largo plazo en un mundo que sólo mira al siguiente titular. Porque si algo lo define es esa mezcla de rigor y humanidad, de pasión por el conocimiento y alergia a la vanidad.

Así que hoy, desde esta humilde trinchera de palabras, no queda más que celebrar la noticia como se merece. Levantar la vista al cielo, localizar mentalmente el cinturón principal y pensar que, entre miles de cuerpos anónimos, hay uno que lleva el nombre de un amigo. Un amigo que, además, se lo ha ganado a pulso, con trabajo silencioso, con paciencia científica y con una honestidad intelectual que no abunda.

Enhorabuena, Jesús. Nos alegramos aquí abajo. Tú sigue a lo tuyo. El universo, por una vez, ya ha tomado nota.


Un homenaje cósmico en síntesis

Este PDF recoge un resumen no exhaustivo del artículo publicado sobre el nombramiento del asteroide (19756) Martínezfrías por la Unión Astronómica Internacional. Una versión condensada, visual y directa, que sirve como puerta de entrada al texto completo y al recorrido vital y científico de Jesús Martínez Frías, sin sustituirlo ni agotarlo, pero sí subrayando lo esencial de un reconocimiento que ya forma parte del cielo.

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Enrique Pampliega
Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

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