Hay momentos en la historia que no hacen ruido cuando empiezan, pero que con el paso del tiempo se convierten en fechas que los libros subrayan, fechas que se recuerdan no por el estruendo del cohete, sino por lo que vino después. Artemisa II es uno de esos momentos. No porque vaya a conquistar nada en sentido militar ni porque vaya a plantar una bandera como en los años sesenta, sino porque marca algo mucho más profundo: el inicio de la expansión humana fuera de la Tierra como proyecto real y continuado, no como hazaña puntual, no como carrera política, sino como estrategia de especie, y eso es algo que cambia por completo la forma en la que debemos mirar lo que va a ocurrir dentro de unas horas.

El discurso de Jesús Martínez Frías explica precisamente eso con la calma de los científicos que saben que la historia no se mide en titulares, sino en décadas, y que la Luna es importante por razones geológicas, astronómicas, astrofísicas, cosmoquímicas y también socioculturales, y que, sobre todo, constituye el primer paso para salir al espacio y desarrollar posteriores misiones tripuladas a Marte y más allá. Dicho de otra forma, la Luna no es el destino, es la escala, es el puerto, es el lugar donde aprenderemos a vivir fuera de la Tierra antes de dar el salto verdadero, y por eso el programa Artemisa no es un programa lunar, es un programa de expansión humana.

Conviene recordar aquí algo que me parece importante dejar escrito, porque da contexto y da medida a las palabras: este texto procede del Discurso pronunciado por el Dr. D. Jesús Martínez Frías en su Toma de Posesión como Académico Correspondiente de la Real Academia de Doctores de España el día 25-10-2023, un trabajo de 28 páginas que debería leer cualquiera que quiera entender qué significa realmente volver a la Luna, porque en él se explica con claridad que el regreso a nuestro satélite no es una aventura romántica ni una repetición del programa Apolo, sino un proyecto científico, tecnológico, económico y, en cierto modo, civilizatorio, cuyo eje fundamental es la utilización de los recursos que hay en la Luna, lo que se conoce como ISRU, es decir, utilizar el agua, el oxígeno, los minerales y los materiales de la propia Luna para sostener la presencia humana sin tener que llevarlo todo desde la Tierra. Y cuando una expedición deja de depender de la metrópoli y empieza a utilizar los recursos del territorio, deja de ser una expedición y empieza a ser un asentamiento, y cuando empieza un asentamiento, empieza la historia de verdad.

Artemisa no es un programa espacial, es el comienzo de una nueva etapa de la historia de la humanidad fuera de la Tierra

El discurso insiste también en algo que me parece fascinante y que muchas veces se olvida cuando se habla de cohetes y de tecnología: la exploración lunar cambia la forma en la que la humanidad se ve a sí misma, porque las misiones Apolo nos permitieron ver la Tierra desde la Luna y esa imagen cambió la percepción global del planeta, convirtió la Tierra en algo pequeño, frágil y sin fronteras visibles, y ese cambio de perspectiva ha influido en la ciencia, en la política y en la conciencia global de la humanidad. Pero ahora el cambio puede ser aún mayor, porque ya no se trata solo de mirar la Tierra desde fuera, sino de empezar a vivir fuera de la Tierra, y vivir significa agricultura espacial, medicina espacial, arquitectura espacial, derecho espacial, ingeniería, economía, incluso periodismo espacial, porque donde hay seres humanos hay sociedad, y donde hay sociedad hay leyes, cultura, comunicación y conflicto, y todo eso acabará existiendo también fuera de nuestro planeta.

Hay otro aspecto del discurso que merece ser destacado y que a mí personalmente me produce una cierta sonrisa de orgullo tranquilo, y es que parte de esta historia también se está escribiendo en España, porque en el documento se explica cómo Lanzarote se ha convertido en un laboratorio natural para la Luna y para Marte, donde se realizan ensayos científicos, pruebas de prototipos, validación de modelos y entrenamiento de astronautas en tubos volcánicos que son análogos a los tubos de lava lunares, que podrían servir como refugios naturales para futuras bases humanas. Astronautas de la ESA, de la NASA, de Roscosmos y de la agencia espacial japonesa han entrenado allí, caminando bajo tierra, aprendiendo a trabajar en entornos que se parecen mucho a lo que algún día será vivir en la Luna. Es decir, mientras la mayoría de la gente piensa que la exploración espacial ocurre en Cabo Cañaveral, en Houston o en Baikonur, resulta que también ocurre en Lanzarote, bajo la lava solidificada de un volcán.

El discurso deja claro además que el objetivo final no es la Luna, sino Marte, y que la Luna es el campo de pruebas donde aprenderemos a vivir fuera de la Tierra, a producir recursos, a construir hábitats, a generar energía, a reciclar agua y aire, a crear sistemas cerrados de vida que serán imprescindibles cuando llegue el momento de viajar al planeta rojo, donde no habrá posibilidad de rescate rápido ni de reabastecimiento continuo desde la Tierra. La Luna es el ensayo general. Marte será la obra.

Y mientras todo esto ocurre en laboratorios, centros de investigación, desiertos volcánicos y salas de ingeniería, el mundo verá dentro de unas horas despegar un cohete y pensará que está viendo un lanzamiento, cuando en realidad estará viendo algo mucho más importante: el inicio de una infraestructura humana fuera de la Tierra, el comienzo de una economía espacial, el principio de una nueva geopolítica y, probablemente, el inicio de una nueva etapa de la historia humana.

Por eso hoy merece la pena leer ese discurso de 28 páginas mientras esperamos la madrugada y la cuenta atrás, porque explica lo que significa realmente lo que vamos a ver cuando en España sean las 00:24 del día 2 de abril y Artemisa II abandone la Tierra rumbo a la Luna.

No será solo un lanzamiento. Será el primer paso de algo que durará siglos. Y nosotros vamos a estar despiertos para verlo.


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Enrique Pampliega
Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

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