La imagen que acompaña este texto no es casual. En ella aparezco saliendo de un cómic, como quien abandona una historia para entrar en otra. Y, en el fondo, eso es exactamente lo que significa para mí el Krunch!. Un tránsito natural entre lo leído y lo vivido, entre la viñeta y la realidad, entre la imaginación y ese espacio físico donde todo cobra forma.
Del 16 al 19 de abril de 2026, Alcalá de Henares vuelve a convertirse en ese punto de encuentro donde el cómic, la ilustración y el Rock and Roll conviven con una naturalidad que ya forma parte de su identidad. Krunch! no es un evento más en la agenda cultural, es una experiencia que se construye desde la cercanía, desde el contacto directo con quienes crean y con quienes disfrutan de lo creado.
Lo he dicho otras veces y lo repito sin complejos, lo mejor de este festival es que ocurre aquí, al lado de casa. No hace falta viajar ni planificar con meses de antelación. Basta con acercarse a Cuadernillos y dejarse llevar. Durante esos días, el espacio cambia de piel y se convierte en algo más que un centro comercial, se transforma en un lugar donde cada rincón tiene algo que ofrecer.
El corazón del festival está en su market artístico, ese territorio donde los autores muestran su trabajo sin intermediarios. Allí conviven ilustraciones, cómics, fanzines y piezas únicas que no responden a tendencias ni algoritmos, sino al pulso creativo de quien las ha hecho. Es un recorrido que invita a detenerse, a mirar con calma y a descubrir sin prisa.
Y sí, lo admito, volveré a hacer lo que hago cada año. Caminar sin rumbo fijo, detenerme donde algo me llame la atención y buscar ese cómic firmado por su autor, ese ejemplar que no solo se guarda en una estantería, sino que se convierte en recuerdo. Porque hay algo especial en ese instante en el que quien ha creado una historia la pone en tus manos y la hace un poco más tuya.
Krunch! es también aprendizaje, pero del que se disfruta. Talleres de dibujo, de serigrafía, de graffiti o de caligrafía se suceden durante esos días, abiertos a todos, desde quienes empiezan hasta quienes llevan tiempo explorando su creatividad. Aquí no hay barreras ni niveles, solo ganas de probar y de seguir.
Krunch! no se visita, se vive: es el lugar donde el cómic deja de ser papel y se convierte en experiencia directa entre autor y lector
A eso se suman las charlas y encuentros con autores, conversaciones abiertas donde se habla con honestidad sobre el oficio, sobre el proceso creativo y sobre las dificultades de un sector que, aun así, sigue generando historias que merecen la pena. Son momentos que enriquecen y que aportan una mirada más amplia sobre lo que hay detrás de cada obra.
Y luego está la música, porque Krunch! también suena. El Rock and Roll forma parte de su esencia y acompaña al festival como un hilo conductor que aporta ritmo y energía. No es un añadido, es parte de lo que hace que la experiencia sea completa.
Lo que sucede durante esos días no se puede resumir en un programa, aunque lo tenga y sea amplio. Es la suma de pequeños momentos lo que realmente importa. Una conversación inesperada, un descubrimiento, una recomendación, una firma, una canción que se queda en la memoria.
Las novelas gráficas, tantas veces infravaloradas por quienes no se han detenido a conocerlas, encuentran aquí su lugar natural. Son historias profundas, cercanas, capaces de emocionar y de acompañar durante mucho tiempo. Historias para grandes y pequeños, porque cada lector encuentra en ellas algo distinto.
Krunch! es, en esencia, un espacio donde esas historias respiran fuera del papel. Donde el lector deja de ser un espectador y pasa a formar parte de algo más amplio. Donde la cultura se vive de cerca, sin artificios.
Y mientras todo eso ocurre, uno no puede evitar pensar que iniciativas como esta son las que realmente sostienen la cultura cotidiana. No hacen ruido innecesario, no buscan imponerse, simplemente están ahí, ofreciendo valor a quien quiera acercarse.
Así que sí, Krunch! 2026 ya está aquí, calentando motores. Y este año, si la imagen no engaña, uno empieza el camino saliendo directamente de un cómic.
No es mala forma de llegar.
Porque al final, de eso se trata. De cruzar esa frontera invisible, de pasar de la página a la vida y de volver después con algo más que una historia. Con un recuerdo. Con una firma. Con una experiencia que merece la pena repetir.




















