El nuevo poder está bajo tierra

Hubo un tiempo en que la geopolítica olía a petróleo. Los imperios vigilaban estrechos, oleoductos, puertos y campos petrolíferos porque quien controlaba el crudo podía alimentar fábricas, mover ejércitos y mantener en marcha una economía.

El siglo XXI no ha eliminado aquella dependencia, pero le ha añadido otra más discreta y, en algunos aspectos, mucho más peligrosa. Hoy el poder también se mide en toneladas de litio, cobre, cobalto, tungsteno, galio, germanio, grafito y tierras raras. Sin estos materiales no hay baterías, semiconductores, redes eléctricas, radares, motores avanzados, telecomunicaciones, misiles, aerogeneradores ni buena parte de esa transición digital y ecológica que los dirigentes presentan como si brotara espontáneamente de una aplicación móvil.

La tecnología parece etérea hasta que se abre la carcasa. Dentro siempre hay cables, metales, imanes, aleaciones y minerales extraídos en algún lugar del planeta.

Esta realidad constituye el punto de partida del documento de opinión La nueva geopolítica del siglo XXI: la doctrina TESIS como pilar de la soberanía mineral y la seguridad nacional de España, firmado por el doctor Arnoldus M. van den Hurk y publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos. Conviene precisar que se trata de una propuesta de su autor y no de una doctrina oficial del Ministerio de Defensa. Dicho esto, el texto merece una lectura detenida porque plantea una pregunta incómoda: si España reconoce que la dependencia de materias primas críticas constituye una vulnerabilidad nacional, ¿por qué continúa abordándola como un expediente repartido entre ministerios que apenas se hablan?

TESIS: algo más que un plan minero

TESIS significa Tierra Estratégica de Seguridad, Industria y Suministros. El nombre puede sonar a programa académico, pero la propuesta tiene poco de ejercicio universitario. Su intención es elevar los recursos minerales desde el terreno económico y administrativo hasta el ámbito de la Seguridad Nacional.

No sería, por tanto, un simple plan para abrir minas. Sería una doctrina destinada a integrar la geología, la minería, la industria, la defensa, la energía, la tecnología y la política exterior dentro de una misma visión de Estado.

Ahí está una de las principales virtudes del documento. España no carece necesariamente de recursos, conocimientos técnicos o capacidad industrial. Lo que le falta, según el autor, es una dirección común. La política mineral española aparece descrita como una “orquesta desafinada”: Transición Ecológica contempla el impacto ambiental; Industria piensa en competitividad; Ciencia observa la investigación; Defensa analiza sus necesidades; las comunidades autónomas ejercen sus competencias, y entre todos producen una partitura que nadie dirige.

El resultado ya lo conocemos: proyectos que tardan diez o quince años en tramitarse, discusiones competenciales, rechazo social, inseguridad jurídica y empresas que terminan invirtiendo donde el terreno administrativo resulta menos pantanoso. Podemos tener el mineral bajo los pies y, aun así, depender de que otro país lo extraiga, lo procese y decida vendernos el producto final.

La dependencia como arma

El documento insiste en que las cadenas de suministro ya no deben contemplarse únicamente desde la economía. También pueden convertirse en instrumentos de coerción.

China no solo ocupa una posición dominante en la extracción de determinadas materias primas. Su verdadero poder se encuentra en el procesamiento y refinado, es decir, en ese tramo menos visible de la cadena que transforma una roca en un material industrial utilizable. Controlar el cuello de botella vale más que controlar la boca de la mina.

Las restricciones impuestas por Pekín a las exportaciones de galio, germanio y antimonio demostraron que basta una decisión administrativa para encarecer o interrumpir la fabricación de semiconductores, radares, fibra óptica, aleaciones y numerosos componentes tecnológicos. No hace falta enviar una flota ni declarar un bloqueo. En la guerra económica moderna puede bastar con publicar un decreto y esperar a que las fábricas del adversario empiecen a contar existencias.

La cuestión afecta de manera directa a la defensa. El Eurofighter, el Leopard 2E o las futuras fragatas F-110 no son únicamente acero, motores y electrónica. Son concentraciones flotantes, rodantes o volantes de materiales críticos. Galio para sistemas de radar, germanio para sensores, cobalto y níquel para superaleaciones, tierras raras para imanes, tungsteno para blindajes y municiones.

Una Fuerza Armada puede disponer de plataformas excelentes y descubrir, en mitad de una crisis, que carece de los materiales necesarios para mantenerlas, repararlas o reponer sus componentes. La soberanía militar no termina en la fábrica de armamento; comienza mucho antes, en la mina, continúa en la planta de tratamiento y atraviesa toda la cadena industrial.

Inteligencia mineral y mando único

Para salir de esa vulnerabilidad, TESIS propone una arquitectura concreta.

La primera pieza sería un sistema de Inteligencia Mineral. No hablamos de un observatorio que publique estadísticas atrasadas y organice una jornada anual con café y acreditaciones. Se trataría de una capacidad permanente para vigilar riesgos geopolíticos, movimientos de mercado, restricciones comerciales, concentración de existencias, rutas logísticas y cambios tecnológicos.

El autor propone una Célula de Inteligencia Mineral vinculada al Departamento de Seguridad Nacional, alimentada con información procedente del CNI, agregados comerciales y de Defensa, organismos geológicos como el IGME-CSIC y fuentes especializadas. Su función sería anticipar crisis, no limitarse a redactar informes cuando los precios ya se han disparado y el material ha desaparecido del mercado.

La segunda pieza sería el modelo MINESTRAT, una estructura de gobernanza que asignaría responsabilidades a los diferentes ministerios bajo la coordinación superior del Consejo de Seguridad Nacional. Cada departamento mantendría sus competencias, pero las decisiones estratégicas dejarían de depender de la casualidad, del turno político o de la capacidad de persuasión de un director general particularmente tenaz.

No parece una idea revolucionaria. Precisamente por eso sorprende que todavía pueda parecerlo.

Una reserva para cuando falle el mercado

La tercera gran propuesta es la creación de una Reserva Estratégica Nacional de minerales y metales procesados.

España mantiene reservas de productos que considera esenciales, pero todavía confía demasiado en que el mercado internacional suministrará siempre los materiales necesarios en el momento oportuno. Esa fe quizá resultaba cómoda durante la globalización feliz, cuando se suponía que el comercio terminaría domesticando a la geopolítica. Hoy empieza a parecer una forma refinada de ingenuidad.

La reserva debería concentrarse inicialmente en materiales de alto riesgo, difícil sustitución y fuerte dependencia exterior: tungsteno, antimonio, cobalto procesado, germanio, galio y tierras raras pesadas. No se trataría de almacenar piedras por capricho, sino productos utilizables por la industria durante una interrupción temporal del suministro.

El documento también plantea proteger los yacimientos y las plantas de procesamiento como activos estratégicos, impulsar el reciclaje y los materiales sustitutivos, reforzar las alianzas internacionales y formar especialistas capaces de combinar geología, economía, inteligencia y seguridad.

Una lectura necesaria

La doctrina TESIS admite discusión. Habrá que encajarla con la protección ambiental, las competencias autonómicas, los derechos de las comunidades locales y la necesaria aceptación social de los proyectos mineros. Convertir un yacimiento en activo estratégico no puede significar entregar un cheque en blanco a la industria ni declarar sospechoso a cualquiera que formule una objeción razonable.

Pero tampoco podemos seguir instalados en la confortable ficción de que la transición energética carece de minas, la nube no tiene servidores y los ejércitos modernos se alimentan únicamente de presupuestos.

El documento de Van den Hurk tiene el mérito de situar la geología en el centro de la política de Estado. Nos recuerda que el subsuelo no es únicamente paisaje enterrado, patrimonio científico o fuente potencial de empleo. También es autonomía, industria, capacidad tecnológica y margen de maniobra frente a las crisis.

España ha dedicado demasiado tiempo a discutir si quiere explotar sus recursos mientras otros países decidían cómo explotar nuestra dependencia. Quizá haya llegado el momento de mirar hacia abajo, comprender lo que tenemos y decidir qué queremos hacer con ello.

Recomiendo la lectura completa de la publicación. No porque todas sus propuestas deban aceptarse sin discusión, sino porque plantea el debate correcto: en un mundo donde los minerales se han convertido en instrumentos de poder, continuar sin una estrategia también es una estrategia. Solo que la decide otro.

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Enrique Pampliega
Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

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