1. Introducción

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, que empezó el 28 de febrero de 2026 ha supuesto un punto de inflexión a nivel geopolítico en Oriente Medio, pero también ha provocado un cambio en las pautas de la guerra de información a escala global. Los ataques realizados por Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán han desencadenado una respuesta que no solo ha sido militar: Irán ha desplegado una compleja campaña de propaganda que está cambiando los parámetros de lo que los analistas denominan “guerra cognitiva”.

Esta guerra hunde sus raíces en tensiones acumuladas durante años: el programa nuclear iraní, su apoyo a grupos armados en la región, como por ejemplo Hezbollah en Líbano o los hutíes de Yemen, las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos, y la rivalidad estratégica con Israel

Las consecuencias han sido devastadoras a muchos niveles: Irán ha sufrido graves daños en sus infraestructuras críticas, tanto militares como civiles, mientras que sus vulnerabilidades defensivas quedaron expuestas. Además, la guerra ha provocado una grave crisis económica, hiperinflación, devaluación del rial, caída del poder adquisitivo, deterioro de los servicios públicos y escasez de productos esenciales.  Por otro lado, el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán está afectando gravemente a la economía mundial.

A pesar de estos efectos, la capacidad propagandística de Irán parece haberse fortalecido: la propaganda iraní ha surgido como un instrumento estratégico de primera magnitud; Teherán ha comprendido que, en la sociedad de la información (y sobre todo teniendo en cuenta los avances logrados en materia de inteligencia artificial en los últimos años), las guerras de este siglo no se librarán solo en un campo de batalla físico, sino también en el espacio cognitivo de las audiencias globales. La integración de inteligencia artificial generativa con formatos nativos de plataformas digitales y operaciones meméticas dirigidas por el Estado ha configurado lo que algunos expertos califican como una doctrina de guerra de información en tiempo real sin precedentes en la historia de los conflictos armados. 

En el presente trabajo, se analizará la estrategia propagandística iraní en el marco del conflicto actual, revisando primero sus antecedentes históricos y sus transformaciones recientes. Posteriormente, se estudiarán los elementos de guerra cognitiva empleados, así como el fenómeno de la ”slopaganda” y la desinformación. Después, se comprobará cuáles están siendo los efectos de estas campañas sobre la percepción internacional de Irán, y finalmente, se extraerán conclusiones sobre las implicaciones de esta nueva forma de confrontación para el orden mundial.

2. Estrategia propagandística iraní

Objetivos principales

La estrategia propagandística de Irán persigue diferentes objetivos que operan en distintos niveles.

  • A nivel interno, busca consolidar la cohesión nacional, proyectar una imagen de fortaleza y resiliencia, y contrarrestar el descontento social provocado por la crisis económica.
  • A nivel regional, su objetivo consiste en reforzar su influencia sobre la población de otros países de su entorno, presentándose como bastión de resistencia frente a Estados Unidos e Israel.
  • A nivel global, trata de erosionar la legitimidad de las acciones militares occidentales, fragmentar el consenso de la opinión pública y reconfigurar las narrativas dominantes sobre el conflicto.

Estos objetivos se articulan combinando medios tradicionales y digitales, especialmente mediante el uso de inteligencia artificial y redes sociales; especialmente en el entorno digital, es donde Irán está demostrado una gran capacidad para adaptarse a las dinámicas comunicativas contemporáneas.

Sin embargo, antes de pasar a analizar sus estrategias en el entorno digital y su impacto, primero estudiaremos cómo ha evolucionado su estrategia propagandística desde la segunda mitad del siglo XX, comenzando con la Revolución Islámica de 1979. Esto nos facilitará tener una mayor comprensión de sus dinámicas actuales.

2.a. Estrategia antes de la guerra de febrero de 2026

La Revolución Islámica (1979)

Desde la fundación de la República Islámica de Irán, la propaganda ha sido un componente central del Estado. La Revolución de 1979 no fue solo un acontecimiento político, también supuso una revolución de la comunicación. El ayatolá Jomeini entendió pronto el poder de los medios para movilizar a las masas y legitimar el nuevo orden; antes incluso de su llegada a Irán, las cintas de cassette con sus sermones circulaban clandestinamente por el país, creando una red de comunicación alternativa al monopolio informativo del Sha.

Tras el triunfo de la Revolución, el régimen institucionalizó la propaganda mediante la creación de estructuras dedicadas a la difusión ideológica. Los medios de comunicación estatales como la televisión, la prensa o la radio se convirtieron en instrumentos de adoctrinamiento que promovían los valores del islam chií, el antiimperialismo y la hostilidad hacia Estados Unidos e Israel, que pasaron a ser denominados como “Gran Satán” y «Pequeño Satán» respectivamente.

Esta retórica dividía el mundo entre opresores y oprimidos y que podría encuadrarse dentro de la regla propagandística de simplificación, y fue la que sentó las bases del discurso propagandístico que perdura hasta el momento actual.

La Guerra Irán-Irak (1980-1988)

Poco después de la Revolución Islámica, comenzó el conflicto con Irak. Esto proporcionó un laboratorio para el desarrollo de técnicas propagandísticas diseñadas para favorecer la movilización bélica. El gobierno decidió enmarcar su defensa como una “Guerra santa” contra agresores seculares. Se desplegaron narrativas de martirio que glorificaban el sacrificio en defensa de la patria y la fe, haciendo referencia a la tradición chií del sufrimiento redentor, que tiene sus bases en el martirio del imán Hussein (nieto de Mahoma) y sus 72 seguidores durante la Batalla de Karbala (año 680). Esta tradición representa, a nivel sociopolítico, la lucha contra la opresión, para lograr alcanzar la justicia y la verdad.

Pronto, el espacio público se inundó de carteles e imágenes de mártires, mientras que los medios estatales presentaban la guerra como una lucha existencial contra las fuerzas malignas occidentales.

La propaganda durante estos años cumplió funciones de cohesión interna, reclutamiento militar y legitimación del régimen en un momento de extrema vulnerabilidad. También estableció patrones narrativos como la resistencia heroica frente a enemigos superiores, la traición de las potencias occidentales o la solidaridad islámica, que posteriormente se volverían a utilizar.

La invasión de Gaza por Israel

Poco antes del actual conflicto, los sucesivos enfrentamientos entre Israel y grupos palestinos en Gaza suponían para Irán oportunidades para proyectar su influencia regional mediante propaganda. El Gobierno prestaba su apoyo a Hamás como ejemplo de solidaridad islámica con los oprimidos, mostrándose como un país implicado en la causa palestina, como contrapunto a la inacción de los gobiernos árabes sunníes.

Las imágenes de destrucción en Gaza fueron amplificadas y repetidas por los medios iraníes, alimentando narrativas que equiparan a Israel con el nazismo y a Estados Unidos con su complicidad criminal. Esta estrategia permitió a Irán desmarcarse de las divisiones sectarias del mundo musulmán, apelando a un sentimiento de agravio compartido que destaca más allá de las fronteras del chiismo.

Hasta aquí hemos visto las líneas generales de la estrategia propagandística iraní: simplificación del enemigo, uso de la religión para justificar las acciones del gobierno, uso de narrativas para justificar el sufrimiento y la resiliencia, y lucha por la justicia y solidaridad islámicas. A continuación, veremos cómo el conflicto con Estados Unidos e Israel, que comenzó el 28 de febrero de 2026, ha introducido algunos cambios en esta estrategia.

2.b. Cambios en las estrategias aplicadas: nuevas herramientas y enfoques de propaganda

Antes del estallido del conflicto, ya se comprendía la importancia de la guerra blanda (denominada  jang-e narm en Irán) como medio para generar una narrativa favorable a los intereses iraníes.

El conflicto actual ha provocado cambios en la estrategia propagandística iraní. Los objetivos estratégicos permanecen constantes (legitimación interna, proyección regional, desacreditación de adversarios), pero los métodos han experimentado una enorme modificación.

Inteligencia artificial, slopaganda y manipulación del entorno digital

El cambio más significativo ha consistido en la adopción de la inteligencia artificial generativa. Irán ha integrado herramientas de IA para producir contenidos visuales, animaciones y vídeos a una escala y velocidad que hubiera sido impensable hace unos años. Se han llegado a identificar hasta mil millones de visualizaciones de las publicaciones de redes pro iraníes en X durante el primer mes de la guerra, las cuales difundieron contenido falso y ficticio, que denigra a Estados Unidos e Israel y glorifica el esfuerzo bélico iraní; cabe destacar la notoriedad alcanzada por las publicaciones de la cuenta “News Now”, que pertenece a una red pro iraní a la que se ha denominado BRICKS4CLICKS, la cual ha publicado vídeos realizados con IA generativa, en la que se muestran ataques de misiles contra Tel Aviv, soldados estadounidenses capturados (como se puede observar en la captura de pantalla adjunta), aviones derribados, etc. Pese a ser etiquetadas por X como vídeos realizados con IA, su notoriedad es destacable.

Publicación de “News Now”, en la que se ve a soldados estadounidenses capturados. 2026. No se trata de una imagen real, sino generada por IA.

La IA generativa se está utilizando para generar material de slopaganda: este término se refiere a la a la producción y difusión masiva de imágenes, vídeos o textos de baja calidad generados mediante IA, que buscan saturar el espacio digital y manipular las emociones del público para difundir su mensaje.

Pese a que tanto Irán como Estados Unidos están utilizando la IA generativa para sus narrativas propagandísticas, este término se está aplicando con mayor frecuencia a la comunicación estadounidense que a la iraní; la Casa Blanca ha sido muy criticada por difundir vídeos que mezclan imágenes de combate real con fragmentos de películas, series y videojuegos, lo que crea la imagen de una guerra como espectáculo de entretenimiento, lo cual, dentro de su propio país y en parte de Occidente, ha generado rechazo y reacciones adversas entre celebridades, deportistas e instituciones religiosas.

Por su parte, Irán ha sabido explotar los errores de comunicación estadounidenses: mientras la slopaganda estadounidense generaba rechazo, los contenidos iraníes aparentan una mayor sofisticación formal y una comprensión más profunda de las sensibilidades de las audiencias digitales.

Resulta sorprendente que un régimen teocrático haya demostrado mayor habilidad para comunicarse con públicos democráticos que las propias democracias.

Otro cambio importante ha consistido en la apropiación de subculturas digitales. Irán ha sabido utilizar las diferentes subculturas de internet, memes y animaciones. Esto permite que los mensajes antiestadounidenses no provengan de líderes iraníes con poca credibilidad en Occidente, sino de dibujos animados o juguetes reconocibles, como Lego (véase la imagen adjunta), lo que facilita el reconocimiento y difusión de las imágenes por parte del público occidental.

Imagen generada con IA, de piezas Lego, en la que se observa a un soldado estadounidense escapando asustado de los iraníes. 2026.

Además de esta apropiación y relacionado con ella, destaca una profesionalización del contenido: frente a la propaganda directa y fácilmente reconocible del pasado, los materiales actuales tienen una calidad de producción elevada, con narrativas elaboradas que incorporan referencias culturales occidentales, humor y formatos conocidos del entretenimiento digital. Teniendo en cuenta que en el modelo actual de la economía de la atención se busca obtener notoriedad y visualizaciones, el objetivo ya no consiste en convencer mediante argumentos, sino seducir mediante la forma. El mensaje debe ser comprendido por el espectador con un nivel sociocultural más bajo (tal y como preconiza la regla propagandística de la vulgarización), para lo cual, dichas referencias son el medio idóneo de propagar una determinada narrativa.

Para terminar, también se observa una estrategia multiplataforma coordinada, que despliega mensajes adaptados a las características específicas de cada red social (X, Tik Tok, etc.), maximizando el alcance, la viralidad, y por tanto, las visualizaciones.

Guerra cognitiva

Por otro lado, hay que resaltar que la guerra cognitiva (definida como estrategia de conflicto que busca alterar y manipular la forma en que un individuo piensa y percibe la realidad, convirtiendo la mente en el campo de batalla) constituye el marco conceptual que permite comprender la estrategia iraní. A diferencia de la propaganda tradicional, que busca persuadir mediante la transmisión de mensajes, la guerra cognitiva aspira a modificar los procesos mismos de percepción, interpretación y toma de decisiones de las audiencias objetivo.

En el contexto de esta guerra, aparte del uso de herramientas como la IA, el uso de subculturas digitales y la profesionalización del contenido u difusión de los mensajes, Irán ha desplegado varios elementos característicos de esta estrategia:

  • Saturación informativa: la producción masiva de contenidos, en parte facilitada por el uso de la IA, busca saturar el espacio digital con narrativas favorables a Teherán, dificultando que las audiencias distingan entre información objetiva y propaganda. El objetivo no es necesariamente que los receptores crean los mensajes iraníes, sino que desconfíen de todas las fuentes, incluidas las occidentales.
  • Explotación de divisiones preexistentes: la propaganda iraní identifica y amplía las fracturas sociales, políticas y culturales presentes en las sociedades enemigas. En el caso de Estados Unidos, esto consiste en contenidos diseñados para influir en sectores críticos con su política exterior, movimientos antibelicistas o comunidades que desconfían del gobierno.
  • Manipulación emocional: los contenidos priorizan el impacto emocional sobre la argumentación racional. Imágenes de víctimas civiles, narrativas de injusticia y apelaciones al agravio moral buscan generar respuestas emocionales que predispongan al público contra los enemigos de Irán.
  • Creación de realidades alternativas: mediante la repetición sistemática de narrativas (en parte gracias al contenido generado por IA), Irán construye versiones de los acontecimientos que compiten con los relatos oficiales occidentales.
  • Erosión de la confianza: en un entorno en el que se socava la capacidad del público para establecer qué es verdadero, donde proliferan las falsificaciones, los deepfakes y las narrativas contradictorias; en definitiva en un entorno sobresaturado de información, una respuesta racional, en el mejor de los casos, solo genera escepticismo, lo cual beneficia a quienes desean evitar la rendición de cuentas por sus acciones.

Sintetizando estos elementos, y relacionándolos con las reglas de la propaganda científica, podría decirse que Irán está aplicando las reglas de simplificación, exageración, vulgarización, repetición orquestada y unanimidad.

Desinformación

Por otra parte, la desinformación supone un pilar fundamental de la estrategia iraní, aunque su análisis requiere distinguir entre diferentes modalidades y niveles de intencionalidad:

  • Desinformación explícita: difusión deliberada de información falsa sobre cualquier acontecimiento. Por ejemplo,  atribución falsa de ataques, manipulación de cifras de víctimas o la presentación de imágenes descontextualizadas como evidencia de atrocidades enemigas.
  • Desinformación por omisión: difundir información selectiva que, aunque sea veraz, puede inducir a conclusiones erróneas al ocultar elementos relevantes. La propaganda iraní enfatiza sistemáticamente las bajas civiles causadas por ataques occidentales mientras silencia las provocaciones o acciones propias que las precedieron.
  • Desinformación estructural: la narrativa iraní de “resistencia frente a la agresión imperialista” simplifica una realidad más compleja, ocultando cuestiones como la represión interna, el apoyo a milicias regionales, o el avance del programa nuclear, las cuales han contribuido a aumentar las tensiones.
  • Desinformación amplificada por IA: la inteligencia artificial generativa ha multiplicado exponencialmente la capacidad de producir contenidos falsos convincentes. Deepfakes de líderes políticos, imágenes sintéticas de supuestos crímenes de guerra y vídeos manipulados circulan a velocidades que dificultan su verificación y desmentido.

Esta estrategia de desinformación se dirige tanto a audiencias externas como internas. En sus audiencias externas, se busca erosionar el apoyo público a las operaciones militares occidentales. En el interior, proyecta resiliencia, fortaleza y victorias que contrastan con las realidades de destrucción y crisis económica.

3. Efectos de la propaganda iraní en otros países

Se puede observar diferentes efectos de la propaganda iraní en el exterior:

En el mundo árabe, esta propaganda ha tenido un efecto ambivalente: por un lado, ha encontrado terreno fértil en sectores de la población frustrados con sus propios gobiernos, y con la impresión de pasividad frente a Israel; las narrativas de resistencia y la retórica antiimperialista calan en contextos donde el sentimiento antiestadounidense es muy profundo. Sin embargo, esta influencia coexiste con desconfianzas profundas hacia Irán derivadas de cuestiones religiosas (la división sunní-chií).

En Occidente, los efectos son más difíciles de evaluar. La propaganda iraní no conseguirá generar simpatía hacia el régimen de los ayatolás, pero sí podrá generar dudas sobre la legitimidad y necesidad de las acciones militares de Estados Unidos e Israel. Estas acciones han contribuido a polarizar el debate público, amplificando las voces críticas con la intervención y favoreciendo movimientos de protesta.

En los países del Sur Global, Irán ha intentado mostrarse como víctima del imperialismo occidental, apelando a memorias históricas de colonialismo y explotación. Esto encuentra resonancia en países donde existe un gran resentimiento hacia las potencias occidentales debido al colonialismo. Esta propaganda se inserta en un discurso más amplio de cuestionamiento del orden internacional liberal, conectando con movimientos que denuncian dobles raseros en la aplicación del derecho internacional.

Sobre la percepción de la realidad iraní:  en la sociedad de Irán, la brecha entre las narrativas oficiales de victoria y fortaleza y la realidad de la guerra provocan una erosión de la confianza de la población en su gobierno. Las redes sociales constituyen espacios donde los ciudadanos iraníes comparten sus experiencias de privación, contradiciendo los discursos oficiales.

Sobre el ecosistema informativo mundial: la propaganda de Teherán ha contribuido a degradar la calidad general del entorno informativo. La proliferación de falsedades, manipulaciones y narrativas contrapuestas impide que los ciudadanos de cualquier país formen opiniones informadas sobre el conflicto.

4. Conclusiones

Finalmente, el análisis de la estrategia propagandística iraní en el contexto del conflicto con Estados Unidos, nos permite extraer varias conclusiones relevantes para la comprensión de las dinámicas de guerra de información contemporáneas:

  1. La propaganda ha dejado de ser un complemento de las operaciones militares para convertirse en un teatro de operaciones autónomo. El campo de batalla cognitivo, donde se disputan la voluntad política, la legitimidad pública y la confianza, constituye un escenario de confrontación tan relevante como un campo de batalla físico. 
  2. La inteligencia artificial generativa ha transformado radicalmente las capacidades propagandísticas de los Estados. Actores con recursos limitados pueden ahora producir contenidos a escala industrial, con calidades de producción que antes requerían infraestructuras mediáticas sofisticadas. Esta democratización de las herramientas de manipulación plantea desafíos inéditos para las sociedades democráticas.
  3. Irán ha demostrado una mejor comprensión de las dinámicas comunicativas actuales. Su capacidad para explotar subculturas de internet, crear contenidos virales y adaptar contrasta con la torpeza comunicativa de Estados Unidos, cuya slopaganda genera rechazo incluso entre sus ciudadanos.
  4. La desinformación masiva degrada el entorno informativo global, perjudicando la capacidad de los ciudadanos para ejercer un juicio político informado. Este efecto trasciende el conflicto específico y plantea interrogantes sobre el futuro de la deliberación democrática en un ecosistema saturado de manipulaciones.
  5. A nivel interno, la brecha entre narrativa y realidad supone una vulnerabilidad de la propaganda iraní. Aunque se han logrado éxitos en la difusión de mensajes al exterior, la contradicción entre los discursos triunfalistas y las realidades de destrucción y crisis económica erosionan su credibilidad a medio y largo plazo.
  6. Las democracias occidentales enfrentan el dilema de cómo responder a una guerra cognitiva sin sacrificar los valores de libertad de expresión y pluralismo que las definen. Las respuestas efectivas requerirán inversiones sostenidas en alfabetización mediática, verificación de hechos, regulación de plataformas digitales y desarrollo de narrativas propias que resulten convincentes sin recurrir a las tácticas manipuladoras de los adversarios.

En resumen, el conflicto Irán-Estados Unidos-Israel está suponiendo un nuevo paradigma para la integración de inteligencia artificial, operaciones meméticas y guerra narrativa en el desarrollo de conflictos bélicos. Comprender este nuevo paradigma y desarrollar respuestas adecuadas constituirá uno de los desafíos estratégicos más urgentes para las sociedades del siglo XXI.

5. Bibliografía

Créditos de las imágenes:

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Gloria Pampliega Parro
Economista. Graduada en Economía por la Universidad de Alcalá de Henares. Máster en Análisis Económico por la Universitat Oberta de Catalunya. Máster en Fiscalidad por la Universitat Oberta de Catalunya. Actualmente trabaja como economista en Ingeniería de Sistemas para la Defensa de España S.A., S.M.E., M.P.

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