Durante los últimos meses China ha hecho algo bastante desconcertante. Mientras buena parte de Silicon Valley busca la manera de cobrarnos por cada token, cada agente y probablemente algún día por cada pensamiento asistido, las empresas chinas han empezado a colocar sobre la mesa modelos de inteligencia artificial cada vez más capaces, baratos y accesibles. DeepSeek, Qwen, Kimi. Hace unas semanas hablaba aquí precisamente de Kimi K3 y de una idea que entonces me parecía bastante evidente: China quizá no quiera vendernos la entrada al futuro. Puede que prefiera quedarse con las llaves.
Pues bien, parece que las llaves no eran suficientes. Ahora también quiere participar en la redacción de los estatutos de la comunidad de vecinos. Se llama WAICO, siglas de World Artificial Intelligence Cooperation Organization, y probablemente sea uno de los movimientos geopolíticos relacionados con la inteligencia artificial más interesantes de este año. El 16 de julio de 2026, 29 países firmaron en Shanghái el acuerdo para crear WAICO, una nueva organización internacional dedicada a la cooperación y la gobernanza de la inteligencia artificial. Su sede estará, casualmente, en Shanghái. Digo casualmente porque uno ya tiene una edad y cuando una gran potencia crea una organización internacional, coloca la sede en su territorio, aporta buena parte de la tecnología, financia programas de cooperación y redacta una propuesta sobre cómo debería gobernarse el futuro, tiendo a sospechar que quizá no estemos únicamente ante un entrañable ejercicio de fraternidad universal. Estamos ante geopolítica. Y de la buena.
Qué es WAICO y por qué debería importarnos
WAICO no apareció una mañana porque a alguien en Pekín se le hubiera quedado libre una sala de reuniones. La idea comenzó a tomar forma en julio de 2025 durante la World Artificial Intelligence Conference de Shanghái, cuando China presentó un Plan de Acción para la Gobernanza Global de la Inteligencia Artificial y propuso crear una organización internacional específicamente dedicada a esta tecnología. Un año después ya existe y veintinueve países se han apuntado al proyecto.
Entre ellos encontramos a China, Rusia, Brasil, Sudáfrica, Indonesia, Pakistán, Kazajistán, Argelia, Etiopía, Kenia, Senegal, Venezuela, Cuba, Serbia, Bielorrusia y varios países del sudeste asiático. La selección geográfica tiene cierto interés: Estados Unidos no está, la Unión Europea tampoco, y Japón, Canadá y buena parte de las democracias occidentales han preferido, de momento, contemplar la fotografía desde fuera. En cambio, hay una presencia notable de países de Asia, África y América Latina. O dicho de otra manera: WAICO ha comenzado buscando socios en el Sur Global. Y no parece una casualidad.
China ha descubierto el talón de Aquiles de la inteligencia artificial
Nos encanta hablar de inteligencia artificial como si fuera una especie de nube metafísica que flotara por encima de nuestras cabezas, pero no lo es. La inteligencia artificial pesa, y mucho. Pesa en forma de centros de datos, chips, electricidad, redes, capacidad de computación, ingenieros y, sobre todo, pesa en la cartera. Entrenar grandes modelos de inteligencia artificial cuesta cantidades de dinero que harían sudar a más de un ministro de Hacienda, y mantenerlos tampoco sale barato.
Por eso existe un riesgo evidente del que hablamos bastante menos que del día en que Terminator se presente en la oficina: el mundo puede dividirse entre países que producen inteligencia artificial y países que simplemente alquilan la de otros. Estados Unidos está magníficamente situado en el primer grupo. Tiene Nvidia, Microsoft, Google, Amazon, OpenAI, Anthropic, Meta, centros de datos, capital, universidades, empresas y buena parte de la infraestructura tecnológica que sostiene actualmente la revolución de la IA. Después está el resto.
Porque Senegal puede tener excelentes ingenieros, Perú puede tener magníficas universidades y Marruecos puede diseñar una estupenda estrategia nacional de inteligencia artificial, pero ninguno dispone de unas decenas de miles de GPUs olvidadas en un almacén. Aquí es donde entra China, y donde WAICO empieza a tener bastante más interés que sus siglas.
El mensaje chino al Sur Global es extraordinariamente sencillo
Pekín ha encontrado una palabra magnífica para vender su estrategia: desigualdad. China sostiene que la revolución de la inteligencia artificial corre el peligro de crear una nueva brecha global entre quienes poseen tecnología y quienes dependen de ella. Difícil discutirlo. Su propuesta consiste, oficialmente, en evitarlo.
El Plan de Gobernanza Global presentado por China habla de ayudar a los países en desarrollo a disponer de infraestructura, capacidad de computación, centros de datos, formación, modelos, estándares y aplicaciones de inteligencia artificial. Y no se ha quedado únicamente en un informe. China ha anunciado 5.000 plazas de formación en inteligencia artificial durante los próximos cinco años para países en desarrollo, además de iniciativas de cooperación con ASEAN, la Unión Africana, la Liga Árabe, los BRICS y distintos países latinoamericanos. También quiere facilitar tecnologías chinas de IA aplicadas a agricultura, meteorología, sanidad, educación y administración pública.
La oferta puede resumirse bastante bien: ¿No puedes permitirte construir tu propia inteligencia artificial? Nosotros podemos ayudarte. Reconozcámoslo, como argumento comercial es bastante mejor que entregar un reglamento de 300 páginas.
Primero te doy el modelo, después hablamos
Aquí WAICO conecta con algo que China lleva tiempo haciendo. DeepSeek, Qwen, Kimi y otros modelos chinos están demostrando que quizá no sea imprescindible fabricar siempre la inteligencia artificial número uno del mundo. Puede bastar con fabricar una suficientemente buena, suficientemente barata, suficientemente abierta y suficientemente fácil de utilizar.
Si después miles de desarrolladores, universidades, empresas y administraciones comienzan a trabajar con ella, ocurre algo bastante conocido en tecnología: aparece el ecosistema. Y con el ecosistema llegan las dependencias. Programadores formados en determinadas herramientas, aplicaciones desarrolladas para determinados modelos, servidores configurados para determinadas tecnologías, bases de datos, estándares, proveedores, contratos e infraestructura. Cambiar empieza a costar dinero.
A eso solemos llamarlo lock-in tecnológico. Aunque durante décadas, cuando lo hacían nuestras empresas, preferíamos llamarlo «ecosistema». Queda bastante más bonito. China parece haber comprendido una vieja lección de la industria tecnológica: no necesitas cobrar por la puerta si puedes conseguir que todos construyan dentro de tu edificio. Pero WAICO introduce una novedad, porque hasta ahora hablábamos fundamentalmente de tecnología. Ahora hablamos también de instituciones.
WAICO: de vender inteligencia artificial a gobernarla
Aquí está probablemente la parte más interesante de todo el asunto. Un modelo de inteligencia artificial puede darte cuota de mercado y una infraestructura puede generar dependencia, pero una organización internacional puede ayudarte a definir las reglas: estándares técnicos, principios de seguridad, mecanismos de cooperación, interoperabilidad, acceso a datos, criterios sobre soberanía, reglas sobre desarrollo y gobernanza. Y cuando empiezas a definir estándares, ya no estás solamente vendiendo tecnología. Empiezas a construir poder.
WAICO pretende precisamente ocupar ese espacio. Un estudio publicado poco antes de su creación comparaba los principales organismos internacionales relacionados con la gobernanza de la inteligencia artificial y detectaba una diferencia bastante reveladora. Occidente suele enfocar la cuestión desde conceptos como derechos fundamentales, seguridad, transparencia o democracia. Naciones Unidas incorpora además su arquitectura internacional de derechos humanos. China propone otro punto de entrada: soberanía nacional, desarrollo económico, acceso a la tecnología y reducción de la brecha digital. Y además sin exigir a los países que compartan previamente un determinado sistema político. Desde Bruselas puede parecernos un detalle. Desde Nairobi quizá no tanto.
Imaginemos por un momento que somos Nigeria
Supongamos que gobernamos un país de más de 200 millones de habitantes. Necesitamos inteligencia artificial para hospitales, agricultura, educación, control de inundaciones, administración pública, grandes ciudades y empresas. Pero no tenemos Nvidia, ni Google, ni OpenAI, ni unos cuantos miles de millones sobrantes detrás del sofá.
Entonces aparecen tres interlocutores. Uno nos habla de los mejores modelos del mundo, siempre que podamos pagarlos y entrar en su ecosistema. Otro nos explica cuáles deberían ser las normas éticas que tendríamos que cumplir. Y un tercero pregunta: «¿Qué capacidad de computación necesitas?». No hace falta ser Henry Kissinger para entender que el tercero tiene posibilidades de conseguir una segunda reunión.
Ese es probablemente el gran acierto de la estrategia china. No necesita convencer al Sur Global de que el sistema político chino sea maravilloso, ni siquiera necesita que esos países compartan todas las posiciones de Pekín. Le basta con ser útil. Tecnología sin examen ideológico de entrada. Después ya hablaremos de política.
La cooperación internacional nunca ha sido Cáritas
Conviene introducir aquí una pequeña dosis de cinismo, que casi siempre resulta saludable cuando hablamos de relaciones internacionales. China no está haciendo esto por amor a la humanidad. Estados Unidos tampoco construyó durante décadas su gigantesco ecosistema tecnológico porque sintiera una especial preocupación por la felicidad de los consumidores bolivianos. Las grandes potencias tienen intereses. Es una costumbre antiquísima.
Cuando China proporciona infraestructura, tecnología, modelos, centros de datos, financiación o formación, obtiene algo a cambio. A veces dinero, pero no siempre. También puede conseguir mercados, estándares, influencia, relaciones diplomáticas, dependencia tecnológica, acceso, prestigio y algo todavía más interesante: países que, cuando llegue el momento de votar o decidir cómo debe gobernarse la inteligencia artificial mundial, estarán utilizando tecnología china. No hace falta que exista una orden telefónica desde Pekín. Los intereses hacen buena parte del trabajo solos.
Estados Unidos juega exactamente al mismo juego
Sería muy cómodo convertir esta historia en otro capítulo de «los pérfidos chinos vienen a conquistar el mundo». Pero sería intelectualmente bastante pobre, porque Estados Unidos hace exactamente lo mismo. Y además lo dice. La estrategia estadounidense de inteligencia artificial contempla expresamente exportar un paquete tecnológico completo: chips, hardware, modelos, software, aplicaciones, infraestructura y estándares.
Es decir, Washington tampoco pretende vendernos solamente ChatGPT, Claude o Gemini. Quiere que buena parte de la infraestructura mundial de inteligencia artificial siga apoyándose sobre tecnología estadounidense. Perfectamente lógico. Si yo tuviera Nvidia, Microsoft, Google, Amazon y OpenAI probablemente tampoco apostaría por la artesanía local.
Por tanto, la verdadera competición no es: China quiere crear dependencias y Estados Unidos no. La competición es mucho más interesante: ¿qué dependencia tecnológica elegirá cada país? Estados Unidos ofrece liderazgo tecnológico, capital privado y algunas de las empresas más poderosas de la historia. China ofrece tecnología cada vez más competitiva, precios agresivos, modelos abiertos y un Estado capaz de coordinar empresas, diplomacia, financiación e infraestructura. Y ahora añade WAICO: la organización internacional, el envoltorio multilateral y la mesa donde discutir las reglas.
¿Es WAICO la ONU china de la inteligencia artificial?
La comparación resulta irresistible y periodísticamente es estupenda: la ONU china de la IA. Cinco palabras y ya tenemos titular. El problema es que todavía no es verdad. Naciones Unidas tiene 193 Estados miembros y ocho décadas de historia. WAICO empieza con 29. Compararlas sería como abrir un bar el martes y el miércoles llamarlo «el nuevo Starbucks». Un poco de paciencia.
Además, Naciones Unidas tampoco está precisamente dormida. Ha iniciado su propio Diálogo Global sobre Gobernanza de la Inteligencia Artificial y mantiene diversas iniciativas para construir un marco internacional. Por tanto, WAICO no sustituye a Naciones Unidas ni sabemos si algún día tendrá una influencia remotamente comparable.
Pero también sería ingenuo despreciarla porque acaba de nacer. Las organizaciones internacionales no son importantes solamente por el número de banderas que colocan detrás del atril. Son importantes cuando consiguen crear intereses alrededor de ellas. Y China tiene precisamente capacidad para hacerlo: tecnología, modelos, infraestructura, financiación, formación, centros de datos, mercados y empresas. Si WAICO consigue conectar todas esas piezas, puede convertirse en bastante más que una asociación donde diplomáticos intercambien documentos y café mediocre.
China ha aprendido a fabricar mesas
Durante buena parte del siglo XX las reglas internacionales se escribieron en instituciones creadas fundamentalmente por Estados Unidos y sus aliados: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, OCDE, GATT primero y OMC después, OTAN, arquitecturas financieras, organizaciones técnicas y estándares industriales. China entró progresivamente en ese sistema y durante años hizo algo que Occidente conocía perfectamente: jugar con las reglas disponibles.
Pero después comenzó a fabricar sus propias mesas. Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, Organización de Cooperación de Shanghái, BRICS ampliados, Nueva Ruta de la Seda y ahora WAICO. Eso no significa necesariamente que China pretenda derribar todas las instituciones existentes. ¿Por qué iba a hacerlo si muchas le resultan útiles? Es algo bastante más sofisticado: si no te gusta quién decide dónde te sientas, construye otra mesa. Y procura que haya buena comida.
De las llaves a las reglas
Cuando escribí sobre Kimi hablaba de llaves. Hoy creo que WAICO obliga a ampliar la metáfora. Primero llegaron los modelos. Después las empresas chinas demostraron que podían ofrecer inteligencia artificial competitiva a precios extraordinariamente bajos. Luego descubrimos que el código abierto podía ser también una formidable herramienta geopolítica. Ahora aparece una organización internacional.
La secuencia empieza a resultar interesante: modelos → adopción → infraestructura → estándares → instituciones → influencia. Eso no demuestra que exista en Pekín un señor acariciando un gato blanco delante de un gigantesco mapa mundial. Las estrategias internacionales rara vez funcionan así. Son más aburridas y precisamente por eso suelen ser más eficaces: gobiernos, empresas, inversiones, universidades, programas de formación, acuerdos, infraestructuras, organismos internacionales. Miles de pequeñas decisiones que acaban empujando en una misma dirección.
WAICO puede fracasar. Dentro de diez años quizá no sea más que otro acrónimo enterrado en una página web institucional. Pero también puede convertirse en uno de los instrumentos mediante los cuales China consiga algo que lleva años intentando: dejar de ser únicamente una potencia que compite dentro del orden tecnológico existente y convertirse en una potencia capaz de ayudar a diseñarlo.
Ahí está la verdadera historia. Estados Unidos quiere conservar el liderazgo de la inteligencia artificial. China quiere evitar que ese liderazgo estadounidense se convierta en monopolio. Europa quiere que todo el mundo respete unas reglas razonables. Y decenas de países simplemente quieren saber quién va a ayudarles a conseguir la tecnología que necesitan sin hipotecar el presupuesto nacional hasta 2047.
No sabemos quién ganará. Pero sospecho que la carrera de la inteligencia artificial no terminará decidiéndose solamente en un benchmark que mida qué modelo resuelve mejor una ecuación. Puede decidirse en algo mucho menos glamuroso: qué tecnología utilizan los hospitales, qué modelos instalan las universidades, qué infraestructura compran los gobiernos, qué estándares adoptan las empresas y en qué mesa se sientan los países cuando llega la hora de escribir las reglas.
China ya había empezado a repartir las llaves. Con WAICO acaba de reservar una sala para discutir quién será el dueño del edificio. Y quizá convenga que en Europa dejemos de mirar únicamente el reglamento contra incendios.
Fuentes y bibliografía
- Gobierno de China. Global AI Governance Action Plan. 26 de julio de 2025. Documento base de la propuesta china sobre gobernanza global de la inteligencia artificial, con referencias a soberanía, desarrollo, infraestructuras, cooperación internacional y reducción de la brecha tecnológica.
- Gobierno de China. Keynote speech by Chinese President Xi Jinping at the opening ceremony of the 2026 World AI Conference. 17 de julio de 2026. Incluye el anuncio de 5.000 oportunidades de formación para países en desarrollo, centros internacionales de cooperación y programas de aplicación de IA.
- Gobierno de China. China to provide 5,000 AI training opportunities for developing countries. 17 de julio de 2026. Información oficial sobre los programas de capacitación vinculados a la estrategia internacional china de inteligencia artificial.
- The White House. America’s AI Action Plan. Julio de 2025. La estrategia estadounidense plantea expresamente la exportación del conjunto completo de tecnología de IA de Estados Unidos —hardware, modelos, software, aplicaciones y estándares— a aliados y socios.
- The White House. Promoting the Export of the American AI Technology Stack. 23 de julio de 2025. Orden ejecutiva que desarrolla la estrategia para extender internacionalmente el ecosistema estadounidense de inteligencia artificial.
- Naciones Unidas. Technology must serve people, not the other way around: UN Secretary-General at the World AI Conference. 17 de julio de 2026. Intervención de António Guterres en Shanghái sobre la gobernanza internacional de la inteligencia artificial y el papel del sistema de Naciones Unidas.




















