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Pontes y Appia: los romanos del BCE empiezan a construir las carreteras del dinero

Mientras discutimos sobre el precio de la gasolina, los impuestos o si algún día pagaremos el café con euros digitales, el Banco Central Europeo está construyendo algo bastante menos visible y quizá bastante más importante: la infraestructura por la que podría circular buena parte del dinero y de los activos financieros del futuro. Se llama Pontes, acaba de entrar en funcionamiento y forma pareja con otro proyecto llamado Appia. Los nombres romanos no son casualidad. Primero se construye el puente. Después, la calzada. Y este humilde labriego de la tecla, al que cada día le cuesta un poco más entender este mundo complejo, ha intentado averiguar adónde demonios conduce todo esto.

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Confieso que cuando leí por primera vez Pontes pensé que sería otro de esos programas europeos bautizados con nombre solemne, presupuesto abundante y un acrónimo que únicamente comprenden cuatro funcionarios en Bruselas. Me equivocaba. Pontes no es exactamente eso y, aunque usted probablemente no haya oído hablar de él, comenzó a funcionar el 21 de septiembre de 2026. Tampoco notará nada especial mañana cuando vaya al supermercado, saque dinero del cajero o pague una cerveza con la tarjeta. Pontes trabaja bastante más abajo, en esas tuberías financieras que normalmente sólo descubrimos cuando revientan. El asunto merece atención precisamente por eso.

Pontes es una nueva infraestructura del Eurosistema —el BCE y los bancos centrales nacionales de la zona euro— destinada a permitir que determinados activos financieros creados mediante tecnología DLT puedan liquidarse utilizando dinero del banco central. Entre los primeros participantes incorporados aparecen entidades como Santander, Deutsche Bank, Société Générale, ABANCA, Cecabank o el Banco Europeo de Inversiones. No hablamos, por tanto, de una prueba universitaria con cuatro ordenadores en un sótano. La cosa ha comenzado a rodar. Y aquí llega la primera palabra que puede hacer que el lector sensato abandone el artículo y se dedique a algo más provechoso: tokenización.

Tokenizar, explicado para los que aún llevamos monedas en el bolsillo

Como este labriego de la tecla tampoco nació sabiendo estas cosas, intentaré explicarlo sin recurrir a la jerigonza habitual. Tokenizar consiste, simplificando mucho, en convertir un activo o un derecho sobre ese activo en una representación digital llamada token. Ese activo puede ser financiero —un bono, una acción o una participación en un fondo—, pero también algo físico, como oro, una obra de arte o un inmueble. El BCE lo define precisamente como el proceso de emitir o representar activos mediante tokens digitales, normalmente registrados en una red DLT. Y aquí viene lo importante: el token puede representar el activo completo o solamente una parte de él.

Pongamos un ejemplo de andar por casa. Imagine usted un edificio valorado en un millón de euros. Hoy podría pertenecer a una sola persona, una empresa o un fondo. Pero también podría estructurarse de manera que determinados derechos económicos sobre ese inmueble se representasen mediante, pongamos, 10.000 tokens digitales. Cada token equivaldría entonces a una pequeña participación en aquello que se haya definido jurídicamente: una parte de los derechos económicos, de las rentas, de la eventual plusvalía o de otras facultades asociadas al activo. En lugar de necesitar un millón de euros para adquirir todo el edificio, distintos inversores podrían poseer pequeñas participaciones digitales. La tecnología permite precisamente representar, transferir y registrar esas participaciones de manera mucho más sencilla, aunque la existencia del token, conviene advertirlo, no elimina las leyes, los registros ni los derechos jurídicos que determinan qué posee realmente su titular. La tokenización inmobiliaria ya se utiliza precisamente para facilitar este tipo de propiedad o participación fraccionada.

Podríamos hacer algo semejante con un bono. Una empresa o una Administración necesita financiación y emite deuda. En lugar de que ese bono exista exclusivamente en los sistemas tradicionales de anotaciones en cuenta, puede emitirse directamente como un activo digital dentro de una DLT o puede crearse una representación digital de un bono que ya existe fuera de ella. El BCE distingue precisamente entre esos dos casos: tokens “nativos”, nacidos directamente dentro de la infraestructura digital, y tokens que representan activos tradicionales existentes fuera de ella.

Piense en el token como una ficha digital con memoria e instrucciones. La ficha no sólo puede decir «esto representa una determinada participación en tal activo», sino incorporar información sobre quién puede transferirla, qué condiciones deben cumplirse o qué debe ocurrir cuando llega una determinada fecha. Ahí aparecen los famosos contratos inteligentes o smart contracts: pequeños programas capaces de ejecutar automáticamente una instrucción cuando se cumple una condición. Si un bono debe pagar intereses determinado día, por ejemplo, parte del proceso podría automatizarse; si un activo genera determinadas rentas, la tecnología puede facilitar su distribución entre quienes poseen los tokens correspondientes. El BCE considera precisamente esa capacidad de programación y automatización una de las diferencias relevantes frente a los sistemas tradicionales.

Así que tokenizar no significa convertir mágicamente un edificio, un bono o una barra de oro en unos y ceros y hacer desaparecer el objeto original. Significa crear una representación digital jurídicamente vinculada a determinados derechos sobre ese activo y permitir que esa representación pueda registrarse, transmitirse y, en algunos casos, dividirse y programarse dentro de una infraestructura digital.

Y esa última palabra —dividirse— es importante. Porque uno de los atractivos de la tokenización consiste precisamente en poder hacer negociables unidades más pequeñas de determinados activos que tradicionalmente resultaban difíciles o caros de fraccionar. Un inmueble de diez millones de euros sigue siendo un inmueble de diez millones, pero los derechos económicos vinculados a él pueden estructurarse en miles de participaciones digitales. Cada inversor no compra un ladrillo del cuarto de baño ni medio metro de pasillo; compra el derecho que representa su token. Algo conceptualmente parecido a poseer participaciones de una empresa o de un fondo, pero utilizando una infraestructura digital distinta. Ahora ya tenemos medio puzle.

Podemos tener activos convertidos en tokens, podemos dividir ciertos derechos sobre ellos, podemos moverlos por redes digitales y podemos programar algunas operaciones. Pero si el Banco A compra al Banco B uno de esos bonos tokenizados aparece una pregunta muy sencilla: estupendo, el activo digital cambia de propietario… ¿y el dinero con el que se paga? Ahí entra Pontes.

Pontes: el puente

El nombre está magníficamente escogido. Pontes significa “puentes” en latín.

La misión inmediata consiste precisamente en tender un puente entre las nuevas plataformas financieras construidas con DLT y los actuales servicios TARGET, las grandes infraestructuras mediante las cuales el Eurosistema mueve y liquida dinero entre instituciones financieras.

En lenguaje de labriego: activo tokenizado → Pontes → dinero del banco central.

Es decir, el sistema permite que un banco pueda comprar un activo que vive en una infraestructura digital moderna y que el pago definitivo se realice utilizando dinero del banco central, que continúa siendo el ancla segura del sistema financiero.

Esto importa bastante más de lo que parece. Si dentro de unos años bancos, empresas y gobiernos emiten cantidades enormes de deuda y otros instrumentos financieros tokenizados, habrá que decidir qué dinero circula por debajo para pagarlos. Podrían utilizarse depósitos bancarios tokenizados, stablecoins privadas y otros inventos financieros, pero el BCE tiene bastante claro que el euro emitido por el banco central debe seguir ocupando el centro del tablero.

Pontes es la solución inicial. Pero después aparece Appia.

De construir un puente a diseñar la red de carreteras

Aquí los funcionarios del BCE debieron pasárselo bien con el bautizo. Porque Appia remite inevitablemente a la Vía Apia, aquella formidable calzada romana que partía de Roma y atravesaba Italia conectando ciudades, ejércitos, mercancías y poder. Y la metáfora vuelve a funcionar. Pontes construye el puente necesario ahora. Appia intenta decidir cómo será la red financiera europea del futuro.

PONTESAPPIA
HorizonteCorto plazoLargo plazo
Qué haceConecta plataformas DLT con TARGETDiseña el futuro ecosistema financiero tokenizado europeo
ObjetivoLiquidar activos tokenizados en dinero del banco centralIntegrar dinero, valores, garantías y servicios financieros tokenizados
SituaciónOperativo desde septiembre de 2026En desarrollo
Próximo gran hitoMejoras progresivasBlueprint o plano general previsto para 2028

El BCE explica expresamente que Pontes y Appia no son dos proyectos separados, sino partes de una misma estrategia. La experiencia práctica que proporcione Pontes servirá para diseñar Appia, y las conclusiones de Appia irán transformando Pontes. Con el tiempo, Pontes podría convertirse en una pieza central de ese ecosistema mucho mayor.

Y aquí empieza a ponerse interesante el paisaje. Porque Appia estudia cuestiones que van bastante más allá de acelerar unas transferencias bancarias. El Eurosistema está analizando cómo podrían convivir distintos tipos de activos tokenizados, cómo gestionar garantías financieras, cómo conectar operaciones transfronterizas, qué estándares utilizar, cómo aplicar la política monetaria en esas nuevas redes y, sobre todo, qué arquitectura debería tener todo el sistema.

Entre las posibilidades examinadas figura incluso algo parecido a un gran registro europeo compartido, un shared ledger, aunque también se contempla que existan varias redes diferentes conectadas entre sí. Todavía no está decidido. El objetivo es elaborar para 2028 un plano —un blueprint— de cómo podría funcionar ese futuro ecosistema financiero.

No, esto no significa que mañana le prohíban comprar chuletas

Conviene detenerse aquí porque Internet es terreno fértil para convertir una cosa interesante en una película de ciencia ficción.

Pontes no es el euro digital de los ciudadanos. No tiene nada que ver con que mañana usted pague el café directamente con una moneda digital del BCE. Estamos hablando fundamentalmente del mercado mayorista: bancos, grandes instituciones financieras, mercados de valores y bancos centrales. Tampoco significa que el BCE pueda decidir mediante Pontes si usted compra gasolina, carne o un billete para Benidorm. Eso sería mezclar debates diferentes.

Existe, efectivamente, otro proyecto para crear un euro digital minorista, destinado potencialmente a ciudadanos y empresas. Pero incluso en ese caso el BCE afirma expresamente que el euro digital no sería dinero programable —veremos—, entendiendo por ello dinero que sólo pudiera utilizarse para comprar determinados productos, en determinados lugares o durante determinado tiempo. Sí podría permitir pagos automáticos condicionados —por ejemplo, pagar una compra cuando se entrega—, que es algo distinto.

Por tanto, nada de alarmas apocalípticas. Pero tampoco creo que convenga bostezar. Porque la infraestructura importa.

Primero vienen las tuberías

Los grandes cambios tecnológicos rara vez llegan anunciándose con trompetas. Antes de que aparezca el producto que utiliza todo el mundo se construyen redes, protocolos, estándares, servidores, conexiones y sistemas de pago. Cuando finalmente vemos el resultado, llevamos años caminando sobre la infraestructura sin saber que estaba allí.

Internet fue antes una infraestructura que Facebook. Las redes móviles existieron antes que WhatsApp. Las autopistas se construyeron antes de que pudiéramos discutir qué coches circularían por ellas. Por eso Pontes me interesa.

El propio BCE acaba de anunciar que prepara la inversión de una pequeña parte de sus fondos propios en valores tokenizados y que pretende liquidar esas operaciones utilizando precisamente Pontes. Inicialmente se centrará en deuda pública y supranacional denominada en euros. El objetivo declarado es adquirir experiencia práctica como inversor utilizando estas nuevas tecnologías.

No sólo se construye la carretera. El constructor quiere empezar a circular por ella. Y entonces, a este humilde labriego de la tecla empiezan a ocurrírsele preguntas.

Las preguntas que deberíamos hacer antes y no después

¿Quién gobernará esa futura red financiera europea? ¿Quién podrá conectarse y con qué condiciones? ¿Existirá finalmente un único gran registro europeo o muchas redes conectadas entre sí? ¿Quién establecerá los estándares técnicos? ¿Qué información quedará registrada y quién podrá consultarla? ¿Qué nivel de privacidad tendrán las operaciones? ¿Hasta dónde llegará la automatización mediante contratos inteligentes? ¿Qué funciones corresponderán al BCE y cuáles permanecerán en manos de bancos e infraestructuras privadas? ¿Qué ocurrirá con las stablecoins y con los depósitos bancarios tokenizados? ¿Podrá cambiar con el tiempo aquello para lo que inicialmente fue diseñada la infraestructura? ¿Quién controlará esos cambios? ¿Con qué supervisión democrática y jurídica? ¿Y cómo evitamos sustituir unas dependencias tecnológicas por otras nuevas?

No planteo esas preguntas porque tenga respuestas escondidas bajo la mesa. Precisamente las planteo porque no las tengo. Algunas están siendo estudiadas por el propio Eurosistema y muchas dependerán de decisiones técnicas, regulatorias y políticas que todavía están por tomar.

Pero me parece razonable hacerlas ahora. Porque el debate verdaderamente interesante no consiste en imaginar que mañana Christine Lagarde decidirá cuántos filetes podemos comprar. Eso hoy carece de base. El debate serio consiste en comprender qué clase de infraestructura financiera estamos construyendo, qué capacidades tendrá y cuáles serán sus límites. Y, sobre todo, quién decidirá esos límites.

Todos los caminos llevan a Roma

Al final regreso inevitablemente a los nombres. Pontes. Appia.

No creo que sea casualidad que para explicar el futuro digital del dinero europeo hayamos terminado recurriendo al latín y a Roma.

Los romanos comprendieron algo hace dos mil años: quien construye puentes y carreteras no está simplemente poniendo piedras. Está conectando ciudades, ordenando el territorio, facilitando el comercio y, de paso, definiendo por dónde circulan las legiones.

Una infraestructura nunca es solamente infraestructura. Europa está construyendo ahora sus nuevos Pontes digitales y trazando su futura Vía Appia financiera. Puede que el resultado sea un sistema más rápido, eficiente, seguro y soberano. O puede que con el tiempo aparezcan problemas y concentraciones de poder que hoy no alcanzamos a ver. Probablemente ocurran ambas cosas, porque este mundo complejo suele tener la desagradable costumbre de no caber entero en un titular.

Este labriego de la tecla sólo tiene una certeza: cuando terminen la calzada será bastante más difícil discutir si debía construirse. Así que quizá convenga mirar los planos ahora. Porque un puente siempre conduce a alguna parte. Y antes de cruzarlo, nunca está de más preguntar qué hay al otro lado.

Para saber más

BCE — Lanzamiento oficial de Pontes | Eurosystem brings central bank money to tokenised finance

BCE — Appia y su grupo de trabajo | Muy útil para entender que Pontes no va solo: Appia pretende diseñar el ecosistema financiero tokenizado europeo de largo plazo y ya cuenta con 61 participantes de mercados financieros e instituciones públicas. Eurosystem selects members for the Appia contact group

BCE — Pontes explicado antes de su puesta en marcha | Una página algo más técnica, pero interesante para quien quiera comprender cómo enlaza las plataformas DLT con TARGET y cómo se planteó su lanzamiento. Preparing the go-live of Pontes

BCE — El propio BCE invertirá en valores tokenizados | ECB to invest part of own funds in tokenised securities, with settlement via Pontes

BCE — Proyecto Agorá y tokenización de pagos internacionales | Sirve para ampliar el foco. Agorá ha probado pagos mayoristas transfronterizos utilizando reservas de bancos centrales y depósitos bancarios tokenizados; el BCE señala expresamente que sus conclusiones alimentan Pontes y Appia. Tokenisation can improve wholesale cross-border payments: Project Agorá

BCE — Preguntas frecuentes sobre el euro digital | Imprescindible para no confundir Pontes y Appia con el euro digital que utilizarían ciudadanos y empresas. También aclara expresamente la diferencia entre pagos condicionales y “dinero programable”. Preguntas frecuentes sobre el euro digital

Consejo de la UE — Cronología legislativa del euro digital | Aquí puede seguirse la parte política y legislativa, que es importante porque el euro digital minorista no depende únicamente de una decisión técnica del BCE. Cronología del euro digital — Consejo de la UE

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Con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, iniciada como contable y responsable fiscal, he evolucionado hacia un perfil orientado a la comunicación, la gestión digital y la innovación tecnológica. A lo largo de los años he desempeñado funciones como responsable de administración, marketing, calidad, community manager y delegado de protección de datos en diferentes organizaciones. He liderado publicaciones impresas y electrónicas, gestionado proyectos de digitalización pioneros y desarrollado múltiples sitios web para entidades del ámbito profesional y asociativo. Entre 1996 y 1998 coordiné un proyecto de recopilación y difusión de software técnico en formato CD-ROM dirigido a docentes y profesionales. He impartido charlas sobre búsqueda de empleo y el uso estratégico de redes sociales, así como sobre procesos de digitalización en el entorno profesional. Desde 2003 mantengo un blog personal —inicialmente como Blog de epampliega y desde 2008 bajo el título Un Mundo Complejo— que se ha consolidado como un espacio de reflexión sobre economía, redes sociales, innovación, geopolítica y otros temas de actualidad. En 2025 he iniciado una colaboración mensual con una tribuna de opinión en la revista OP Machinery. Todo lo que aquí escribo responde únicamente a mi criterio personal y no representa, en modo alguno, la posición oficial de las entidades o empresas con las que colaboro o he colaborado a lo largo de mi trayectoria.

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